Las redes sociales se paralizaron durante varias horas. Un video corto, editado sin contexto, comenzó a circular acompañado de una frase estremecedora: “El rescatista encuentra el cuerpo de Yeison Jiménez”.
Muchos entraron en pánico, otros reaccionaron con indignación,
y no faltaron quienes lloraron creyendo que el cantante había muerto. En medio de ese caos, un hombre decidió hablar y su testimonio alteró por completo la narrativa.
No era un policía, ni un médico forense. Era un rescatista que había participado en una recreación visual para un proyecto artístico.

Él aparecía en el video que fue manipulado y convertido en una supuesta prueba de una tragedia inexistente.
Y lo que vio, según sus propias palabras, no fue un cadáver real, sino la manera en que la sociedad construye la muerte de las personas que ama.
“No vi a Yeison muerto. Vi cómo la gente necesitaba creer que estaba muerto”, declaró.
El rescatista explicó que la grabación formaba parte de una recreación simbólica, diseñada para representar la fragilidad del ser humano detrás de la fama.
La figura central estaba inspirada en Yeison Jiménez, pero no pretendía hablar de su muerte, sino de la vulnerabilidad de los ídolos cuando se apagan las luces.
Sin embargo, al ser extraídas del contexto original, las imágenes fueron utilizadas como si fueran un registro real.
En cuestión de horas, el rumor se expandió y se transformó en una falsa noticia que muchos aceptaron sin cuestionar.
El rescatista confesó que decidió romper el silencio no para defenderse, sino para proteger la dignidad de un artista que sigue vivo, creando y conectando con su público.
“Estamos tratando a una persona viva como si ya fuera un recuerdo. Eso es profundamente injusto”, afirmó.
Recordó el momento en que se colocó frente a la escena recreada. Aunque sabía que era una representación, sintió un peso emocional inesperado. No por miedo, sino por la facilidad con la que el ser humano se deja seducir por la tragedia.

“Nos atrae más el final que el presente”, reflexionó.
Lo que más lo impactó no fue la imagen, sino la reacción de quienes estaban alrededor. Algunos guardaron silencio, otros bajaron la mirada, algunos incluso lloraron. Pero casi nadie se preguntó si aquello era real.
Ese fue, para él, el momento más inquietante.
“Con un ángulo de cámara y un título, puedes convertir a un hombre vivo en una leyenda triste”, dijo.
Sus palabras generaron una fuerte discusión. Un sector del público agradeció la aclaración. Otro criticó la existencia misma de la recreación. Pero muchos comenzaron a cuestionar la forma en que consumen la información.
En la entrevista, el rescatista dejó claro que Yeison Jiménez no participó, no autorizó ni tuvo conocimiento del proyecto. Por eso, sintió que era su deber contar exactamente lo que había visto.

“Lo que vi no fue la muerte de Yeison. Fue nuestra forma de imaginarla”, afirmó.
Esa frase se volvió viral, porque no solo hablaba del cantante, sino de la relación entre la fama y el morbo. La sociedad celebra a los ídolos cuando brillan, pero también los empuja con facilidad hacia el drama cuando la historia resulta más atractiva.
El rescatista confesó que este episodio le dejó una pregunta que aún no puede responder: si hoy aceptamos imágenes falsas como verdad, ¿qué nos garantiza que mañana sepamos distinguir la realidad?
En sus años de trabajo, ha visto tragedias auténticas. Pero nunca había sentido tanto miedo como al presenciar una tragedia inventada que la gente decidió creer.
“La tragedia real hace llorar. La falsa hace creer”, dijo.

La historia de Yeison Jiménez cambió de rumbo gracias a su testimonio. Pasó de ser un rumor de muerte a convertirse en una reflexión sobre los medios, las emociones colectivas y la responsabilidad de compartir información.
Muchos fans reconocieron después que entraron en pánico, que sufrieron, que creyeron sin verificar. No por ingenuidad, sino por amor.
El rescatista concluyó que lo que vio junto al supuesto “cuerpo” de Yeison Jiménez no fue una escena física, sino un espejo de la fragilidad emocional de la sociedad.
“Vimos nuestros propios miedos reflejados ahí”, expresó.
En la vida real, Yeison Jiménez continúa su camino artístico. Sigue cantando, componiendo y emocionando a su público. Pero esta historia demostró que basta un malentendido para cambiar por completo la percepción de una persona.

Antes de despedirse, el rescatista dejó una frase que resonó con fuerza:
“Dejen que los vivos sigan viviendo. No los conviertan en recuerdos mientras todavía respiran”.
Tal vez lo que realmente transformó la historia no fue lo que él vio, sino lo que decidió decir. Porque en un mundo donde la mentira viaja más rápido que la verdad, una sola voz honesta puede devolverle a una historia su lugar correcto.
Y en el caso de Yeison Jiménez, esa historia ya no habla de muerte, sino de respeto por la vida, incluso cuando la tragedia solo existe en la imaginación colectiva.