HARFUCH y MARINA ANIQUILAN NARCO LABORATORIO “FLOTANTE” del CJNG en TABASCO: 56 NARCOS CAPTURADOS

Hay cosas que uno escucha y piensa que son exageración, el titular de siempre, el lenguaje inflado que se usa para que algo suene más grande de lo que es. Y hay cosas que uno escucha y tiene que detenerse un momento porque no encajan con ninguna imagen que tenías en la cabeza antes de escucharlas. Un laboratorio semisumergido en los manglares de Tabasco no es metáfora, no es el nombre de una operación, es la descripción literal de lo que la Marina Armada de México y los grupos aeromóviles de fuerzas especiales

encontraron este viernes 3 de abril de 2026 a partir de las 11 de la mañana en las costas tabasqueñas cerca de la desembocadura del río Grijalba. Una plataforma clandestina que se hundía parcialmente en el agua para que nadie la viera desde el aire ni desde tierra. 56 narcotraficantes del cártel Jalisco Nueva Generación capturados en un enfrentamiento de 42 minutos, toneladas de droga en proceso de fabricación, reactores industriales adaptados para operar entre el agua y el manglar y una declaración de Omar García Harf que no

dejó espacio para la ambigüedad cuando dijo que ese era el momento en que el CJNG perdía otra de sus formas de evadirla. Ley 56 detenidos y toneladas de metanfetamina y fentanilo incautados. Eso ya es suficiente para quedarse, pero te digo desde ahora que los detenidos y la droga son la parte más visible de lo que hay que contar aquí, no la más importante.

 Lo más importante es lo que existía en ese manglar antes de que llegaran las fuerzas federales. ¿Cómo existía? ¿Por qué pudo existir? Y qué dice sobre la capacidad operativa del CJNG. en una región del país que muchos todavía no consideran el centro de esta guerra. Porque si algo deja claro este operativo es que el sureste de México ya no es la periferia de nada, es uno de los nodos más estratégicos de toda la red.

 Tabasco no es el primer estado que uno imagina cuando piensa en el CJNG. Jalisco, sí, Guanajuato, sí, Colima, Michoacán, Veracruz. Todos tienen una historia larga y documentada con esta organización, pero Tabasco tiene algo que esos estados no tienen en la misma medida y esa cosa no es una ciudad fronteriza, ni una autopista federal, ni una plaza de consumo con millones de clientes.

 Lo que tiene Tabasco es agua, mucha agua. Una red de ríos y afluentes que es de las más densas de todo el país, con corrientes que se bifurcan, se cruzan, desaparecen entre los manglares y vuelven a aparecer kilómetros después en lugares donde el mapa ya no te sirve de nada porque lo que el mapa muestra no corresponde a lo que ves cuando estás parado ahí.

 El sistema fluvial tabasqueño y específicamente la zona cercana a la desembocadura del Grijalba es para quien no lo conoce casi imposible de imaginar desde la experiencia de un estado del interior. No son ríos ordenados con orillas limpias y corrientes predecibles. Son sistemas vivos que cambian con las estaciones, que en temporada de lluvias se desbordan y convierten en aguas zonas que meses antes eran tierra.

 Las comunidades que llevan generaciones viviendo en esa geografía han desarrollado formas de moverse y de habitar ese entorno que no tienen equivalente en otras partes del país. Casas sobre pilotes, embarcaciones como transporte cotidiano, rutas fluviales que solo conocen quienes las han navegado decenas de veces y que para alguien que viene de fuera son un laberinto sin salida.

 Para el CJNG, ese laberinto no era un obstáculo, era exactamente lo que necesitaba. Las zonas pantanosas y de manglares cerca de la desembocadura del Grijalba son prácticamente inaccesibles desde tierra, desde el aire. Con la cobertura vegetal que tienen, se ven como una alfombra verde e interminable que no revela nada de lo que esconde debajo.

 Para una organización que lleva años buscando lugares donde operar sin que las autoridades lleguen fácilmente. Ese tipo de geografía es oro. Es la misma lógica que lleva algunas células a meterse en las sierras de Oaxaca o Guerrero, aplicada a una geografía completamente diferente, pero con el mismo resultado, invisibilidad operativa.

 Y el CJNG no llegó a Tabasco por accidente ni de improviso. Llegó con una estrategia que esta organización ha repetido en varios territorios donde no tenía ventaja militar inmediata al entrar. Primero construyes presencia silenciosamente, sin confrontación abierta. Te apoyas en grupos locales que ya conocen el territorio, que saben cómo moverse en él, que tienen las redes sociales y el conocimiento geográfico que tú no tienes todavía.

 Les ofreces recursos, les das una participación en lo que vas a construir y a los que no aceptan les das razones distintas para cooperar. Después operas, instalas infraestructura en los puntos más difíciles de acceder. Usas la geografía como escudo y vas construyendo capacidad paso a paso solo cuando ya tienes presencia consolidada, cuando el costo de sacarte se vuelve alto para quien quiera intentarlo, es cuando tu operación empieza a tener la escala que justificó toda la inversión inicial.

 Lo que se encontró en los manglares tabasqueños este viernes es el resultado visible de ese proceso, pero es un resultado que excede lo que cualquier evaluación previa de la presencia del CJNG en esa zona específica del estado habría estimado. Y eso dice algo importante sobre la velocidad con la que esta organización puede construir capacidad operativa cuando decide que un territorio vale la pena.

 Tabasco vale la pena y no principalmente como mercado de consumo. Lo que hace valioso a Tabasco para el CJNG es su posición en el corredor. Es puerta hacia el Golfo de México. Tiene acceso fluvial hacia Chiapas y desde ahí hacia la frontera con Guatemala. Está en la ruta de uno de los corredores de tráfico que conecta Centroamérica con el mercado mexicano y desde ahí con el mercado de Estados Unidos.

 Quien controla ese corredor no necesita vender droga en Tabasco para que Tabasco le resulte rentable. Le basta con cobrar a todo el que pasa. Y quien, además de controlar el corredor puede procesar la droga ahí mismo antes de que entre en la ruta de distribución final. Tiene una ventaja logística que multiplica el valor de esa presencia territorial.

 Eso es exactamente lo que el CJN construyó en esa zona pantanosa cerca del Grijalba. No un punto de venta, no un campamento de sicarios, un centro de producción integrado con la ruta de salida, un lugar donde la droga se fabricaba y desde donde salía directamente por agua, sin pasar por carreteras, sin cruzar retenes, sin dejar el tipo de huella que deja el tránsito terrestre.

 Las señales de que algo estaba pasando en esa zona llegaron, según lo que se sabe del operativo, de la combinación que hoy marca la diferencia entre encontrar y no encontrar en territorios de este tipo, inteligencia humana e imágenes satelitales trabajando juntas. La inteligencia humana es siempre la más difícil de documentar porque depende de personas que hablan bajo condiciones de riesgo real.

 En zonas donde el crimen organizado lleva tiempo con presencia consolidada, la gente que sabe algo generalmente no habla o habla poco o habla a cuentagotas cuando confía en que no va a haber consecuencias. Pero a veces las señales no vienen de informantes, vienen del propio comportamiento del territorio, patrones de movimiento de embarcaciones en zonas donde normalmente no hay tráfico, actividad nocturna en áreas sin actividad económica que la justifique, cambios en el comportamiento de las comunidades ribereñas que para alguien que conoce esa geografía, dicen cosas

sin que nadie tenga que abrir la boca. Cosas pequeñas, sueltas, que por sí solas no dicen nada, pero que acumuladas empiezan a construir una imagen. Las imágenes satelitales, en este caso, jugaron un papel importante porque la plataforma flotante, aunque diseñada para mimetizarse con el entorno, tenía una huella térmica y una huella de actividad que eventualmente fue detectable desde arriba, no de inmediato, no con una sola pasada.

 Pero con observación sostenida durante suficiente tiempo, los patrones empezaron a ser visibles y cuando los analistas de inteligencia de la marina superpusieron lo que llegaba de los informantes sobre esa zona con lo que las imágenes mostraban, el resultado fue una señal que ya no podía ignorarse. Lo que todavía no sabían con exactitud era la escala de lo que iban a encontrar.

tenían la zona, tenían certeza de actividad significativa, tenían indicadores de presencia de personas y de estructuras sobre el agua, pero la magnitud real de la instalación, lo que el CJNG había construido en ese sistema de manglares, eso solo se reveló cuando los elementos navales y los grupos aeromóviles llegaron al lugar.

 Llegaron preparados para desmantelar un campamento flotante. Lo que encontraron era otra cosa. La Marina Armada de México tiene una ventaja específica sobre otros cuerpos de seguridad cuando se trata de operaciones en zonas acuáticas. Es su terreno natural, no en sentido figurado. Los elementos navales están entrenados para operar en agua, para moverse en ríos y zonas costeras, para coordinar operaciones en entornos donde la tierra firme no es la norma, sino la excepción.

 Esa capacitación, combinada con el apoyo de los gafes hizo posible un despliegue que en otro cuerpo habría sido logísticamente mucho más complicado. El asalto se coordinó con unidades navales bloqueando las salidas por Aual, mismo tiempo que helicópteros Black Hawk y lanchas interceptoras cerraban el perímetro desde afuera.

 La idea era que nadie pudiera salir antes de que los elementos llegaran al interior de la instalación. Y en ese punto es donde la sorpresa fue mutua. Porque si los marinos y los gs no esperaban la escala de lo que encontraron, los 56 integrantes del CJNG tampoco esperaban la velocidad con la que el cerco se completó.

 Resistieron, intentaron resistir con armas largas y granadas durante 42 minutos. 42 minutos en los que la superioridad de fuego y de coordinación de las fuerzas federales fue absoluta, según todas las fuentes disponibles. Al final de ese enfrentamiento, los 56 fueron capturados vivos, algunos con heridas leves. Ningún elemento federal resultó herido.

 Eso no es un resultado ordinario en un enfrentamiento de esa duración contra un grupo armado de ese tamaño que estaba en su propio territorio y que conocía cada rincón de la instalación que defendía. Ahora sí, la instalación, porque eso es lo que convierte este operativo de un golpe notable a algo con implicaciones que van mucho más allá del número de detenidos.

 La plataforma clandestina que el CNNi había construido en esa zona pantanosa no era improvisada. Ese es el punto que todos los reportes del operativo coinciden en subrayar y que merece que nos detengamos en él porque es fácil leer las palabras estructura flotante, imaginarse algo rudimentario, unas maderas amarradas, plásticos encima. No era eso.

 Era una instalación con materiales específicos anclada de forma que resistía la corriente y los cambios de nivel del agua que en esa zona pueden ser significativos dependiendo de la temporada. Las estructuras estaban semisumergidas por diseño, no por descuido. Hundirlas parcialmente en el agua era parte del sistema de camuflaje, porque desde el aire una estructura que solo asoma por encima del nivel del agua entre la vegetación de un manglar es prácticamente invisible para un sobrevuelo que no sabe exactamente qué está buscando y dónde. La vegetación

misma de los márgenes, combinada con materiales de camuflaje que se integraban con el entorno natural, hacía que desde afuera, desde el río o desde el aire a cierta altura, lo que había en esa zona pareciera simplemente manglar espeso y nada más. Solo cuando los elementos rompieron el perímetro vegetal y entraron al espacio interior donde estaban ancladas, las plataformas pudieron ver el conjunto completo.

 Y el conjunto completo era funcionalmente una pequeña ciudad sobre el agua, con zonas diferenciadas, con espacios dedicados a usos distintos, con una lógica de distribución que no era aleatoria, sino planificada. Si te estás preguntando cómo construye el CJNG algo así sin que nadie lo note, la respuesta tiene que ver con el conocimiento local que ya mencioné.

 Para construir lo que construyeron en esa zona, tuvieron que trabajar con personas que conocen esas aguas de cerca, que saben dónde hay profundidad suficiente para anclar ciertas estructuras, que saben qué rutas no se ven desde tierra y cuáles son inaccesibles desde el aire por la cobertura vegetal, que saben cómo llevar materiales a una zona de difícil acceso sin generar el tipo de tráfico que levanta sospechas.

 Eso habla de una penetración en las comunidades ribereñas que no se construye de la noche a la mañana. Se construye con tiempo, con recursos y con la combinación de incentivos económicos para algunos y depresión implícita o explícita para otros. Ahora bien, te dije al inicio que los detenidos no eran la parte más sorprendente y que llegábamos a lo que sí lo era. Ya llegamos.

 Entre las estructuras que componían la instalación, la marina y los gafes identificaron lo que no es otra cosa que un complejo industrial de síntesis de drogas adaptado al entorno acuático. No un almacén, no un punto de empaque. Un laboratorio de producción con reactores, destiladores y sistemas de enfriamiento modificados para operar en condiciones de humedad extrema, con fluctuaciones de temperatura y nivel de agua que en cualquier instalación terrestre convencional harían imposible mantener los procesos químicos necesarios.

Alguien diseñó eso. Alguien con conocimiento técnico real evaluó las condiciones del entorno y adaptó el equipamiento para que funcionara en ellas. Eso no es el trabajo de sicarios, es el trabajo de personas con formación técnica específica que el CJNG tiene en su nómina. Y los resultados de ese trabajo estaban ahí cuando llegaron las fuerzas federales. 3.

4 4 toneladas de metanfetamina en cristal en proceso activo de fabricación, 1,200 kg de fentanilo en pastillas y polvo, 68 barriles de precursores químicos, el equipamiento industrial completo, reactores, destiladores, sistemas de enfriamiento, 25,800 m de evidencia sobre cómo funciona la producción de droga a escala industrial cuando se saca de los parámetros convencionales y se mete en un manglar con acceso directo al Golfo de México.

Si quieres seguir viendo este tipo de análisis, este es el momento de suscribirte al canal y activar la campanita. Lo que viene en los próximos días sobre este caso, cuando empiecen a salir los detalles de los detenidos y de lo que había en esos laboratorios, no lo vas a querer perder. 3.4 toneladas de metanfetamina. Un momento.

 Para que esa cifra tenga dimensión real, hay que recordar que estamos hablando de producto en proceso activo de fabricación, no de un decomiso en tránsito. Esto no era droga que estaba pasando por ahí de camino a otro lugar, era droga que se estaba produciendo ahí en ese momento en reactores flotantes en medio de un pantano tabasqueño.

 Eso significa que la instalación tenía capacidad productiva suficiente para generar esa cantidad de producto en ciclos de producción regulares, lo cual a su vez implica un volumen de suministro de precursores químicos sostenido en el tiempo y una cadena logística para llevarlos hasta ahí sin que nadie lo notara.

 El fentanilo suma otra capa. 1,200 kg de fentanilo en pastillas y polvo es una cantidad que en el mercado de consumo, dependiendo de cómo se distribuya y en qué concentraciones, tiene el potencial de causar un daño masivo. El fentanilo, en las dosis que el crimen organizado maneja no perdona márgenes de error y el CJNG lo sabe.

 Es por eso que su producción y distribución es una línea de negocio separada con sus propios procesos, sus propios destinos y su propia red de distribución hacia el norte. Los 68 barriles de precursores químicos confirman algo que era evidente, pero que vale la pena decirlo explícitamente. Esta instalación no dependía de un suministro de última hora, ni de compras esporádicas que hubieran generado alertas en las cadenas de suministro convencionales.

Tenía stock acumulado, tenía capacidad para seguir produciendo durante un periodo significativo sin necesidad de un reabastecimiento inmediato. Eso es planificación de largo plazo, no operación de emergencia. y las nueve lanchas rápidas modificadas para trasciego marítimo. Ahí está la conexión directa entre el sitio de producción y la ruta de distribución.

 El río no era solo el escudo de la instalación, era también la autopista de salida del producto. Lo que se fabricaba en esas plataformas no tenía que ser sacado por carreteras, no tenía que cruzar retenes, no tenía que circular en camiones que levanten sospechas. Salía por agua siguiendo rutas fluviales que conectan el sistema interior de Tabasco con el Golfo de México y desde el Golfo hacia los puntos de transferencia donde entra en la cadena de distribución que termina en el mercado estadounidense.

nueve lanchas rápidas modificadas preparadas específicamente para ese traslado marítimo. Son la prueba física de que esa integración entre producción y distribución no era teórica, sino completamente operativa. Los documentos con rutas de exportación Estados Unidos que se encontraron en la instalación añaden el último elemento.

 Había un plan. Había rutas trazadas, contactos identificados, puntos de entrega definidos. La instalación flotante en los manglares del Grijalba no era un experimento, era un engranaje funcionando dentro de una maquinaria más amplia que sabía exactamente a dónde iba lo que producía y cómo iba a llegar ahí. Hay una pregunta que nadie está formulando con la claridad que merece y que, sin embargo, es la más importante de todas las que deja este operativo.

¿Cuánto tiempo llevaba eso operando? Porque la respuesta a esa pregunta no es un dato técnico sin consecuencias. Si esa instalación llevaba meses produciendo a esa escala, la cantidad de droga que ya salió de ahí y que ya está en algún lugar de la cadena de distribución o ya llegó a su destino final es enorme.

 El laboratorio se clausuró, pero el producto que fabricó antes de que llegaran los marinos ya está en el mercado. Eso no tiene solución inmediata. No se resuelve con el operativo mismo, por bien ejecutado que haya sido. Las estimaciones que circulan entre personas que conocen el caso no dan un número oficial porque ese número todavía está siendo establecido en el proceso de análisis de los materiales decomizados, pero los indicadores disponibles, el volumen de precursores acumulados, el equipamiento presente, el nivel de sofisticación de la infraestructura

sugieren que no estamos hablando de semanas, estamos hablando de meses, posiblemente de una operación que se había consolidado durante un periodo considerablemente mayor. al que cualquier análisis previo de la presencia del CJNG en esa zona específica habría proyectado. Ahora habla García Harfuch y lo que dice importa no solo por las palabras, sino por el tono.

 Aniquilamos el narcolaboratorio flotante del CJNG en Tabasco. Capturamos a 56 sicarios y decomizamos toneladas de droga y precursores. Sumergían todo en el agua para ocultarlo y sacaban droga desde las costas. Hoy destruimos esa operación. El CJN pierde otra de sus formas de evadir la ley.

 Su imperio se desmorona cada día que pasa. Eso es un mensaje operativo, pero también es un mensaje político. Es la declaración de que la táctica de usar el entorno acuático como escudo ya fue identificada, ya fue respondida y ya no va a ser un refugio seguro. Es la advertencia de que lo que funcionó durante un tiempo ya no funciona porque el Estado aprendió a buscarlo.

 La coordinación entre la Secretaría de Marina y los gafes que hizo posible este operativo no es algo que ocurre sin trabajo previo. El tipo de planeación que permite cerrar simultáneamente las salidas por agua mientras los helicópteros Black Hawk y las lanchas interceptoras cierran el perímetro exterior sin darle tiempo al grupo a dispersarse o a destruir evidencia.

requiere una sincronización que se construye con inteligencia acumulada y con capacidad de ejecución coordinada entre cuerpos distintos. Que ese proceso haya resultado en 42 minutos de enfrentamiento con 56 detenidos vivos y ningún federal herido es un resultado que merece ser reconocido, por lo que es un operativo bien planeado y bien ejecutado.

 Pero el operativo bien ejecutado no responde por sí solo la pregunta más incómoda, que es esta. si una instalación de esa escala pudo existir en esa zona durante el tiempo que existió. ¿Qué significa eso? Para la capacidad de detección temprana del Estado en ese tipo de territorios. El operativo exitoso es la prueba de que la instalación pudo ser encontrada, pero también es la prueba de que la instalación llegó a existir con ese nivel de sofisticación antes de ser encontrada.

 Esas dos cosas son ciertas al mismo tiempo y las dos tienen que estar en la conversación. Los 56 detenidos son el componente humano más visible del operativo. Pero como siempre en casos de este tipo, los números brutos no dicen todo. Lo que importa no es solo cuántos son, sino quiénes son. Y en una instalación con esa función específica, con ese nivel de complejidad técnica, la composición del personal que operaba ahí no es homogénea.

 No todos son sicarios en el sentido clásico del término. Un complejo de laboratorio como el que se encontró en esos manglares requiere personal técnico con conocimiento real de los procesos de síntesis que se están llevando a cabo. requiere personas que sepan manejar reactores y destiladores, que entiendan las reacciones químicas involucradas y que puedan mantener la producción dentro de parámetros que generen el producto con la calidad que el mercado espera.

Requiere supervisores de proceso, personal de seguridad, personas dedicadas al mantenimiento de las estructuras flotantes, personas con capacidad de coordinación logística para recibir los suministros y despachar el producto terminado. y requiere en algún nivel de la jerarquía presente en esa instalación personas con capacidad de comunicación con la estructura del CJNG que opera desde fuera de ese manglar.

Eso significa que entre los 56 y 6 detenidos hay perfiles muy distintos. Hay personas con conocimiento técnico de alto valor. Hay personas que saben cosas sobre la red de proveedores de precursores, sobre los puntos de entrega del producto procesado, sobre las rutas marítimas de distribución, sobre quiénes coordinaban esa operación desde afuera y cómo se comunicaban con ellos.

 El valor de ese conocimiento, si se extrae correctamente a través del proceso legal, puede ser mucho mayor que el valor inmediato del operativo. Puede ser la llave que abra partes de la red del CJNG en el sureste que todavía no han sido mapeadas con la precisión que permitiría intervenciones futuras más efectivas.

 El problema que los analistas de seguridad señalan de forma consistente en casos como este es que el sistema judicial mexicano no siempre está en condiciones de procesar esa información con la velocidad y la especialización que requiere. No es una crítica a las personas que trabajan en él. Es un reconocimiento de que el sistema tiene limitaciones estructurales que hacen difícil convertir la inteligencia derivada de un operativo de esta escala en acción legal, operativa contra el resto de la red de manera rápida y efectiva. Y ese es el cuello de

botella que convierte muchos operativos exitosos en victorias tácticas que no producen los efectos estratégicos que podrían producir si todo el sistema funcionara de forma integrada desde el primer momento. Sigue viendo hasta el final, porque lo que queda por contar sobre este caso tiene que ver con algo que los reportes públicos no están enfatizando lo suficiente y que cambia bastante la lectura de todo lo anterior.

Además de los laboratorios y el equipamiento de producción, la instalación flotante incluía áreas de almacenamiento de producto terminado, no de materia prima para procesar, sino de droga lista para moverse. Eso significa que la ciudad flotante en los manglares del Grijalba no era solo el lugar donde se fabricaba, era también el lugar donde se acumulaba antes de la distribución, un nodo de producción y almacenamiento al mismo tiempo en una ubicación que maximizaba la dificultad de acceso para las autoridades y la facilidad de

movimiento para las embarcaciones del cártel. Esa integración no es un detalle menor, es parte del diseño y el diseño habla de planificación estratégica. El CJNG no llegó a Tabasco, encontró un manglar y metió unas balsas. Llegó con un plan que integraba la geografía del lugar con las necesidades operativas de la organización y produjo una solución que hay que reconocer.

 Con toda la incomodidad que eso genera, fue efectiva durante el tiempo que operó sin ser detectada. Las comunicaciones que se encontraron en la instalación merecen atención aparte porque en los reportes públicos han recibido menos énfasis del que merecen. Había equipos diseñados para operar en condiciones de señal limitada con capacidad de comunicación cifrada que conectaban la plataforma flotante con puntos externos de la red.

Eso significa que lo que pasaba en esos manglares no era una operación autónoma y aislada, era un nodo dentro de una estructura más amplia que tenía visibilidad en tiempo real sobre lo que se producía, cuándo se producía y hacia dónde se movía. Y alguien fuera de esa instalación coordinaba todo eso. Ese coordinador externo o esos coordinadores no estaban en las plataformas cuando llegaron la Marina y los gafes.

 O estaban, pero no hemos tenido confirmación de que estuvieran entre los 56 detenidos. Y esa es una de las preguntas abiertas más importantes que deja este operativo. ¿Quién dirigía esa instalación desde afuera? ¿Dónde está esa persona en este momento? ¿Y qué sabe sobre el resto de la red que todavía no ha sido tocada? Las comunidades ribereñas en la zona cercana a donde se encontró la instalación viven una situación que es difícil de describir con justicia en pocas palabras.

 Por un lado, hay un alivio legítimo y entendible al saber que algo que probablemente generaba incertidumbre y miedo implícito en la zona ha sido desmantelado. Cuando una instalación del CJNG opera cerca de donde vive gente que no tiene nada que ver con ella, esa cercanía no es neutral. Crea presión, crea silencios obligados, crea una cotidianidad cargada de cosas que no se dicen en voz alta.

 Pero por otro lado, esas comunidades saben porque lo han vivido en otras formas y en otros momentos, que desmantelar una instalación no equivale a resolver el problema. El CJNG no va a desaparecer de Tabasco porque la marina clausuró unas plataformas en un manglar y las personas que viven en esas riberas que dependen del río para trabajar, para moverse, para existir, van a seguir viviendo en la misma geografía, con la misma historia.

 Y con la memoria de que durante un tiempo que no saben exactamente cuánto duró, a pocos kilómetros de donde dormían, había personas de este cártel operando un laboratorio de droga sobre el agua. Eso no es un problema que se resuelve con un comunicado de prensa. Es un problema de presencia del Estado en territorios que históricamente han sido atendidos de forma insuficiente para la magnitud del desafío que enfrenta.

 Tabasco no es un estado abandonado. Hay instituciones, hay gobierno, hay presencia federal en muchas de sus dimensiones, pero la densidad de presencia institucional real que se necesita para detectar y responder a algo como lo que produjo esta instalación antes de que llegue a tener la escala que tenía, esa presencia es distinta y más compleja que la presencia visible de una oficina de gobierno en una cabecera municipal.

Hablemos de algo que raramente se dice con esta claridad. El CJNG tiene en este momento la capacidad organizacional y los recursos económicos para construir nuevas instalaciones, no en el mismo manglar. Claro, la inteligencia derivada de este operativo y la atención que el caso va a generar harán que esa zona específica esté bajo observación durante un tiempo significativo.

 Pero en otro sistema fluvial, en otra zona de acceso difícil del sureste, con las lecciones operativas aprendidas de lo que funcionó y de lo que falló en esta instalación para que los marinos pudieran llegar hasta ella, el CJNG tiene capacidad de reconstruir. Eso no es pesimismo. Es la realidad operativa de enfrentar a una organización con la escala.

 los recursos y la sofisticación que tiene el cártel Jalisco Nueva Generación a mediados de los años 20. Si este análisis te aportó algo, dale me gusta al video ahora. Ayuda mucho más de lo que crees para que este contenido llegue a más gente. Y suscríbete al canal si todavía no lo has hecho.

Estrategia de seguridad da resultados, destaca García Harfuch – Revista  Zócalo

 Activa la campanita para que no te pierdas nada de lo que viene. Lo que queda flotando sobre esos manglares de Tabasco, además del agua turbia y los restos de lo que fue durante meses un complejo criminal funcionando en silencio, es una pregunta que incomoda y que no tiene respuesta fácil. Si construyeron todo eso con esa complejidad, con ese equipamiento, con esa integración logística sin que nadie lo viera durante el tiempo que operó, ¿qué más está navegando en silencio por ríos y sistemas fluviales que todavía no hemos mirado con atención? Esa pregunta

no tiene respuesta pública hoy. Y quien diga que sí la tiene o no entiende la pregunta o no está siendo honesto, este caso va a seguir dando novedades en los próximos días cuando empiecen a filtrarse los detalles de los perfiles de los detenidos. del contenido exacto de los documentos con rutas de exportación y de lo que la extracción forense de los equipos de comunicación vaya revelando sobre la red que estaba detrás de esa instalación.

 Cuéntame en los comentarios qué piensas tú. ¿Crees que el CJNG ya está buscando el siguiente manglar, el siguiente sistema fluvial donde reproducir lo que tenía en el Grijhalba? ¿O crees que este golpe combinado con todo lo que ha pasado en los últimos meses representa un punto de quiebre real para su capacidad operativa en el sureste? Escríbelo abajo.

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