HARFUCH CATEA los AUTOS LUJOSOS de RAUL ROCHA del CJNG en su PALACIO en MONTERREY

En el instante en que los helicópteros Black Hawk empezaron a girar sobre el cielo de Valle Oriente, aquello que durante años muchos habían susurrado en silencio finalmente quedó expuesto.

San Pedro Garza García, símbolo de riqueza, orden y prestigio en Monterrey, ocultaba en su corazón una fortaleza criminal que operó a plena vista.

El operativo encabezado por las fuerzas bajo el mando de Omar García Harfuch no solo buscaba cerrar el círculo sobre Raúl Rocha Cantú.

Su verdadero objetivo era destruir el aura de poder, ostentación y mito personal que él había construido para dominar, intimidar y seducir a todo un entorno que decidió no mirar.

El operativo comenzó a las 11:20 de la mañana del 9 de diciembre, cuando unidades de la Fuerza de Operaciones Nacionales, en coordinación con la Marina de México, bloquearon todos los accesos al fraccionamiento más costoso de América Latina.

Más de mil elementos avanzaron con una precisión que recordaba una operación militar de alto impacto. En tierra, los convoyes blindados sellaron los caminos hacia Valle Oriente. En el aire, los helicópteros aseguraban que nadie pudiera escapar.

Horas antes, Rocha ya había sido detenido en una acción nocturna, pero lo que vendría después sería el acto final: el momento en que el país vería el “reino” que él levantó con dinero del narco, violencia y complicidades silenciosas.

La entrada principal de la mansión era una estructura de acero reforzado con un sistema biométrico diseñado para reconocer solo a un círculo reducido. Las fuerzas especiales decidieron terminar con todo de una sola vez usando explosivos de precisión.

Una detonación corta, limpia, quirúrgica. Después, el estruendo de los disparos. Doce minutos de enfrentamiento bastaron para sacudir el corazón de Valle Oriente.

Cuando el ruido cesó, dieciocho sicarios yacían abatidos y otros cuatro se habían rendido. En ese momento, la mansión dejó de ser un bastión y se convirtió en el escenario de una verdad incómoda.

Al ingresar, los agentes se encontraron ante una infraestructura que haría dudar a cualquier experto en seguridad: cómo fue posible que un complejo así operara por años sin que nadie lo detectara, lo denunciara o asumiera responsabilidad.

Seis niveles superiores y cuatro sótanos convertían la propiedad en un sistema defensivo casi impenetrable.

Cientos de cámaras conectadas a un centro de control privado vigilaban no solo la mansión, sino también las calles colindantes. Sensores y alarmas estaban programados para identificar movimientos inusuales a gran distancia.

Los primeros dos sótanos eran un museo de la vanidad. Treinta y ocho autos de lujo, acomodados según su categoría, ocupaban el espacio como si se tratara de una exhibición privada.

Lamborghini, Ferrari, Rolls Royce, Bentley y McLaren modificados no solo para presumir su poder adquisitivo, sino también para transportar droga sin ser detectados.

En compartimentos ocultos —paneles falsos, tanques modificados, dobles fondos— los agentes hallaron una tonelada de cocaína con pureza superior al 95 por ciento.

Esto confirmó que aquellas joyas automotrices no eran simples caprichos: eran “mulas de lujo” diseñadas para cruzar fronteras bajo una fachada impecable.

El destino de los autos fue igualmente impactante. Tras el decomiso, las autoridades decidieron destruir los 38 vehículos en lugar de subastarlos. La medida buscaba enviar un mensaje contundente: el lujo comprado con sangre y narcotráfico no tendría una segunda vida en el comercio legal.

Las imágenes de los autos cubiertos con lonas blancas del FGR, trasladados por convoyes militares a través de las calles más ricas de San Pedro, se convirtieron en un símbolo de la caída de Rocha y de la fuerza del Estado.

En el tercer sótano, los agentes descubrieron una bóveda oculta detrás de un muro falso operado por un sistema hidráulico. Dentro había 420 millones de pesos en efectivo, todos en fajos nuevos con sellos bancarios intactos.

No era dinero guardado: era capital listo para ser movido en su red de lavado internacional. Junto a él, una colección de joyas y relojes valuada en 280 millones de pesos, con piezas de Patek Philippe, Rolex y Audemars Piguet capaces de equalizar el precio de departamentos de lujo en la zona metropolitana.

El cuarto sótano reveló el lado más violento del imperio Rocha: un arsenal militar con 42 armas largas, incluyendo 18 rifles Barrett calibre .50, capaces de perforar blindaje pesado a más de un kilómetro. Había lanzagranadas, ametralladoras y miles de municiones modificadas.

Pero el hallazgo más perturbador fueron los uniformes reales de la Guardia Nacional, policías estatales y corporaciones municipales, usados para circular sin levantar sospechas. La presencia de estos uniformes plantea una duda inquietante: ¿cómo salieron de los inventarios oficiales? ¿Quién abrió esa puerta?

La ostentación de Rocha llevaba también un componente enfermizo. En el garaje principal, el sistema de sonido seguía activo al momento de la irrupción.

Sonaba un corrido tumbado que él mismo había grabado, glorificando su vida criminal, sus supuestas victorias y su falsa sensación de invulnerabilidad. Aquella música no era simple entretenimiento: era el manifiesto de un narco convencido de su propio mito.

Más irónico aún fue el descubrimiento de una red de túneles de escape que conectaban originalmente con el sistema pluvial de la ciudad. Rocha los mandó sellar años atrás tras un episodio de traición interna.

Construirlos costó más de 20 millones de pesos, un dato que reaviva dudas sobre los contratistas, supervisores y autoridades que permitieron una obra de esa magnitud sin registrar anomalías.

Es imposible que un sistema así se construyera sin conocimiento institucional. Y si lo sabían, ¿por qué callaron?

El operativo en San Pedro Garza García no solo derribó el imperio de Rocha, sino que también reveló un silencio incómodo: el de la élite empresarial y política de Monterrey.

Durante años, varios empresarios acudieron a las “exhibiciones privadas” que Rocha organizaba en su garaje, donde mostraba autos y negociaba con personajes cuyo historial todos conocían. Ninguno habló. Ninguno denunció. Ninguno cuestionó. Ese silencio, hoy, pesa más que el estruendo de la redada.

La intervención representa un punto de inflexión en la lucha contra el crimen organizado en México. No se trató únicamente de capturar a un capo, sino de destruir la estructura simbólica y social que lo protegía.

Cuando los Lamborghinis decomisados desfilaron por el barrio más exclusivo de América Latina, el mensaje fue claro: el dinero del narco no compra inmunidad. Y para quienes callaron durante años, la advertencia es igual de directa: el silencio ya no es un refugio.

Related Posts

Rocío Dúrcal, más emblemáticas de la música española y latina

Ahora, la nieta de Elvis, Riley Keough, ha comenzado a revelar algunos de los secretos más profundos y personales que ese lugar guarda, ofreciendo una mirada íntima…

Johnny Lozada Finalmente admite lo que todos sospechábamos

A los 57 años, Johnny Lozada – el rostro que marcó a toda una generación durante la era dorada de “menudomanía” – ha roto el silencio con…

La espeluznante HISTORIA Escobar

Debanhi Escobar, una joven de 18 años, desapareció tras una noche de fiesta aparentemente normal en Monterrey, Nuevo León. Desde la fotografía final que la muestra sola…

Nadie lo creyó: el líder del PRI se reunió con el CJNG.

Un comunicado de separación publicado y eliminado en cuestión de minutos, una serie de movimientos en redes cargados de mensajes ocultos y el silencio hermético de Jesús…

LA MU3RT3 DEL ALCALDE CARLOS ALBERTO MANZO

No fue solo un asesinato. La muerte del alcalde Carlos Alberto Manzo Rodríguez se ha convertido en un terremoto político y moral que sacude los cimientos de México, revelando…

Harfuch ACUSA a BEDOLLA de AMENAZAR VIUDA de Carlos Manzo

Un mensaje breve, enviado por WhatsApp, estremeció a todo Michoacán. En él, un grupo criminal advertía fríamente: “Vamos a terminar el trabajo.” Esa frase, aparentemente una amenaza más…