HARFUCH ANIQUILA a NOROÑA y le DA PISO tras su CAPTURA en CARRETERA de PUEBLA

Madrugada del sábado 4 de abril de 2026 a las 5 en punto, la carretera federal que conecta Puebla con la Ciudad de México se convirtió en el escenario de un operativo que ningún noticiero nacional va a poner en su portada. Tres camionetas blindadas circulaban en convoy cerrado con las luces apagadas y la velocidad justa para no llamar la atención, pero la atención ya estaba puesta en ellas desde hacía horas.

 Lo que pasó después duró apenas 18 minutos. Al final, sobre el asfalto quedaron varios cuerpos, vehículos destrozados y la certeza de que un operador político que usaba su cargo para proteger al cártel Jalisco Nueva Generación ya no volvería a pisar una sede de gobierno. Me llamaron a las 4:40 de la mañana.

 No es raro a esta hora. Los mejores operativos empiezan cuando la gente duerme. La inteligencia ya había confirmado el objetivo. Gerardo Fernández Noroña, senador con fueros, con escoltas armados hasta los dientes y con una red de negocios oscuros que crecía mientras él daba discursos en la tribuna.

 Iba a moverse desde Puebla hacia la Ciudad de México y yo no iba a dejar pasar esa oportunidad. Así que di la orden y en menos de 20 minutos los equipos estaban en posición. Para que entiendas por qué esta captura importa más que cualquier otra, tienes que saber quién era Noroña realmente. No me refiero al personaje público, al que salían entrevistas o al que firmaba iniciativas.

 Me refiero al hombre que durante los últimos 3 años construyó una estructura paralela dentro del propio sistema. Cuando el Mencho murió, muchos operadores del CJ empezaron a buscar nuevas formas de moverse. Ya no podían depender solo de la violencia bruta, porque eso los dejaba expuestos. Necesitaban blindaje institucional. Necesitaban alguien que desde adentro les avisara de los operativos, que les facilitara rutas, que les limpiara dinero.

 Noroña entendió eso antes que nadie. No era un narco cualquiera, era un político con acceso a información privilegiada, con capacidad de mover recursos, sin levantar sospechas y con una red de contactos que protegía cada uno de sus movimientos. Durante meses, nuestros equipos de inteligencia rastrearon sus patrones. No fue fácil porque Noroña sabía cubrir sus huellas.

 Usaba teléfonos encriptados que cambiaba cada semana. Sus reuniones con operadores del CJNG no se hacían en lugares obvios, sino en casas de seguridad, en zonas residenciales donde nadie esperaría encontrar a un senador. Pero el error más grande que cometió fue creer que su fuero lo hacía intocable. Con el tiempo empezó a bajar la guardia, a viajar con más frecuencia, con el mismo convoy, por las mismas rutas.

 Y esa rutina, amigo, es lo que lo terminó enterrando. Te voy a contar cómo ocurrió todo, porque quiero que tengas claro que esto no fue un accidente ni un golpe de suerte. Fue trabajo de inteligencia pura aplicado sin descanso. Los analistas llevaban semanas armando el rompecabezas. Una llamada aquí, una transacción bancaria allá, un mensaje cifrado que logramos desencriptar parcialmente.

 Cada pieza encajaba hasta formar un retrato inequívoco. Noroña no solo protegía al CJNG, sino que recibía pagos directos por cada cargamento que cruzaba sin problemas por el estado de Puebla. Hablamos de millones de pesos en efectivo que se movían a través de empresas fantasma registradas a nombre de testaferros.

Hablamos de protección para laboratorios de metanfetamina en la sierra poblana. Hablamos de rutas de distribución que pasaban por carreteras federales sin que ninguna autoridad local los molestara. Eso terminó el sábado. Cuando confirmamos que Noroña saldría de Puebla antes del amanecer, diseñamos el operativo con un nivel de detalle quirúrgico.

No podíamos fallar porque un error significaba que se escaparían entre la burocracia, que sus abogados lo sacarían con un amparo, que el fuero volvería a funcionar como escudo. Así que decidimos no darle tiempo a nada de eso. Gafes. Las fuerzas especiales del ejército se desplegaron en puntos claves sobre la carretera.

 La Guardia Nacional cerró los accesos secundarios. La marina coordinó el apoyo aéreo con dos helicópteros que se mantuvieron en vuelo rasante para no alertar a los radares del convoy. Y yo mismo supervisé desde el puesto de mando cada movimiento, cada radio, cada segundo. A las 5:10, los radares tácticos detectaron el convoy. Tres camionetas blindadas tipo monstruo avanzando a 110 km/h.

La formación era compacta, la distancia entre vehículos era la justa para evitar un ataque frontal. Eso me dijo dos cosas. Primera, que Noroña viajaba con escoltas profesionales entrenados para situaciones de alto riesgo. Segunda, que él sabía perfectamente que lo buscaban porque un político normal de seguridad.

 El plan era interceptarlos en un tramo recto, sin curvas que permitieran maniobras evasivas y con terreno elevado a los costados para que los francotiradores tuvieran visión total. A las 5:15, las unidades de gafes activaron los bloqueos. En menos de un minuto, la carretera quedó cortada en ambos sentidos. Los vehículos del convoy se vieron forzados a reducir la velocidad.

 Fue entonces cuando les ordenamos por megáfono que detuvieran la marcha y se entregaran. La respuesta no se hizo esperar. Las ventanillas de las camionetas se bajaron y desde las torretas comenzaron a disparar. Rifles de alto calibre. Barret calibre 50, ráfagas que rompieron el silencio de la madrugada.

 No hubo advertencia previa de su parte. No hubo bandera blanca ni intento de negociación. Ellos eligieron el camino del fuego y nosotros respondimos en consecuencia. El enfrentamiento duró 18 minutos. Eso es poco tiempo si lo piensas en frío, pero para quienes estábamos ahí, cada segundo se sintió como una hora. Desde el aire, los helicópteros descendieron y abrieron fuego de supresión sobre las torretas.

Los francotiradores en tierra identificaron a cada artillero y los neutralizaron uno por uno. Los gafes avanzaron en formación cerrada usando los vehículos como cobertura, mientras el sonido de los disparos se mezclaba con el chirrido de las llantas al derrapar sobre el asfalto. La tercera camioneta intentó dar la vuelta y huir, pero ya no había salida.

Los bloqueos de la Guardia Nacional eran sólidos y los helicópteros no le dieron tregua. En menos de 5 minutos, los tres vehículos estaban inmovilizados con los motores humeando y los vidrios estallados. Cuando cesaron los disparos, el silencio fue casi tan impactante como el ruido anterior. Revisamos el perímetro.

 Sobre el pavimento quedaron varios cuerpos de los escoltas. Algunos seguían con las manos en el gatillo, otros habían intentado arrastrarse hacia la maleza para reagruparse. Ninguno lo logró. Y en el asiento trasero de la camioneta principal, con un chaleco balístico de nivel 4 y un teléfono satelital en la mano, estaba Gerardo Fernández Noroña.

 Había recibido al menos dos impactos durante el intercambio. Los médicos militares intentaron reanimarlo, pero las heridas eran mortales. En legítima defensa, como establece el protocolo, nuestros elementos repelieron la agresión y neutralizaron al objetivo. No hubo ensañamiento, no hubo ejecución extrajudicial, fue un enfrentamiento directo donde Noroña y sus hombres optaron por disparar primero.

 Si estás viendo esto y aún no te has suscrito al canal, déjame decirte que lo que estás escuchando aquí no lo vas a encontrar en ningún periódico de mañana. No va a salir en la televisión abierta, no va a ser tema de discusión en las mesas de análisis. Por eso es tan importante que formes parte de este espacio donde contamos las cosas como son.

 sin filtros ni intereses. Suscríbete ahora, activa la campanita y no te pierdas los detalles que nadie más te va a dar. Una vez asegurado el perímetro, procedimos al cateo de los vehículos y lo que encontramos superó cualquier estimación inicial. Hablo de armas largas y cortas de uso exclusivo del ejército, rifles de asalto con cargadores extendidos, pistolas con los números de serie limados. Pero eso no fue lo más grave.

También hallamos más de 9,0000000 de pesos en efectivo distribuidos en maletines y bolsas herméticas listos para ser lavados a través de negocios fantasma. Joyas y relojes de alta gama, los típicos que usan los políticos para aparentar éxito, pero que en este caso eran el botín de una estructura criminal.

 Y lo más importante, documentos y dispositivos electrónicos que confirmaban, sin lugar a dudas, los nexos de Noroña con el cártel Jalisco Nueva Generación. libretas con nombres de operadores, coordenadas de bodegas, mensajes de WhatsApp donde se discutían pagos y protección. En una de las memorias USB encontramos un archivo con cuentas bancarias en el extranjero, movimientos que sumaban millones de dólares, todos vinculados a actividades ilícitas. Pero el golpe no terminó ahí.

Mientras revisábamos los vehículos, otro equipo de inteligencia ejecutaba un cateo simultáneo en una casa de seguridad que habíamos identificado días atrás. Ubicada en un fraccionamiento privado a las afueras de Puebla. Dentro encontramos más armamento, más dinero y una cantidad impresionante de documentación que revela toda la red de protección que Noroña había tejido durante año.

 Hablamos de funcionarios de distintos niveles que recibían sobornos para no intervenir en las rutas del CJNG. Hablamos de policías municipales que alertaban sobre operativos. Hablamos de un sistema de corrupción que permitía que los laboratorios de metanfetamina funcionaran a plena vista sin que nadie los molestara.

 Todo eso se derrumbó en una madrugada. Ahora quiero que entiendas algo. Esto no es motivo de celebración para mí. Cada enfrentamiento que termina con vidas perdidas es un recordatorio de lo mal que están las cosas en este país. Pero tampoco voy a fingir que no es un alivio ver cómo cae uno de los operadores políticos más peligrosos que hemos enfrentado.

 Porque Noroña no era cualquier delincuente. Era un hombre con poder real, con acceso a información sensible, con la capacidad de torcer la ley a su favor. Y mientras él seguía vivo y protegido por su fuero, el CJNG seguía moviendo toneladas de droga, destruyendo comunidades, matando jóvenes.

 Así que sí, anoche dimos un golpe importante y quiero que lo sepas, no vamos a parar hasta desmantelar cada célula, cada protección, cada escudo que estos criminales hayan construido dentro del gobierno. Horas después del operativo, cuando el asfalto ya estaba limpio y los cuerpos habían sido levantados, emití una declaración. No fue larga porque no me gusta hablar de más. Dije lo siguiente.

 Cayó Gerardo Fernández Noroña. Lo interceptamos en la carretera de Puebla y lo neutralizamos tras un enfrentamiento. Reventamos su estructura criminal y decomizamos millones. Este operador político que se escudaba en su cargo para proteger intereses ilícitos ya no existe. El CJNG pierde otro de sus escudos. Su imperio se desmorona.

 Esa frase su imperio se desmorona. No es retórica vacía. Es una realidad que ya estamos viendo en las comunicaciones interceptadas en los días posteriores. Los operadores del CJNG están nerviosos. No saben quién será el próximo. No saben qué información teníamos en los teléfonos de Noroña. Y ese miedo, esa incertidumbre es nuestra mejor arma.

Pero también quiero ser honesto contigo. Esto no significa que el cártel Jalisco Nueva Generación vaya a desaparecer de la noche a la mañana. Eso sería mentirte. Los cárteles no dependen de una sola persona, por más poderosa que sea. Dependen de estructuras, de rutas, de dinero, de corrupción. Y todo eso sigue ahí, aunque Noroña ya no esté.

 Sin embargo, lo que sí logramos fue romper un eslabón clave en la cadena de protección política que permitía que el CJN operara con impunidad en Puebla y en otras zonas. Ahora los que quedan saben que ningún fuero los va a salvar. saben que podemos llegar a ellos en una carretera, en una casa de seguridad, en cualquier lugar y eso cambia las reglas del juego.

 Por cierto, si estás siguiendo esta historia y quieres entender de verdad lo que está pasando en el país, necesitas que este canal siga creciendo. No recibo financiamiento de ningún gobierno ni de ningún partido. Esto se sostiene con la gente que decide suscribirse, que comparte los videos, que comenta y que exige que se sepa la verdad.

 Así que si aún no lo has hecho, dale click al botón de suscribirte. No cuesta nada y con ese pequeño gesto nos ayudas a seguir contando lo que otros quieren enterrar. En los días siguientes al operativo comenzaron a aparecer las reacciones. Algunos medios, muy pocos, mencionaron el caso con un par de líneas. Senador abatido en enfrentamiento, decían los titulares, sin nombres, sin contexto, sin historia.

 Otros directamente lo ignoraron, pero eso no me sorprende. Hay intereses muy grandes para que este tipo de información no circule. Hay políticos que todavía están en sus curules y que hicieron negocios con Noroña, que recibieron dinero de sus manos, que le vendieron información. Esos no quieren que se sepa la magnitud de lo que pasó.

Por eso es tan importante que tú, que estás del otro lado de la pantalla tengas acceso a estos detalles. Porque cada vez que compartes un video como este, cada vez que le dices a un amigo o a un familiar lo que realmente ocurrió en esa carretera, estás rompiendo el cerco informativo. Estás haciendo periodismo real desde tu trinchera.

 Y hablando de lo que viene, el trabajo no ha terminado. Los dispositivos incautados en el convoy y en la Casa de Seguridad están siendo analizados por nuestros equipos forenses. Ya hemos identificado al menos a otros cuatro funcionarios públicos con vínculos directos a la red de Noroña. Algunos son alcaldes, otros son diputados locales y uno más ocupa un puesto de alta responsabilidad en el gobierno de un estado vecino.

No voy a dar nombres todavía porque las investigaciones deben seguir su curso, pero te adelanto que en las próximas semanas vas a ver más operativos, más capturas y más estructuras criminales callen. Esto apenas comienza. Pasadas 24 horas del operativo, mi teléfono no dejó de vibrar. Llamadas de funcionarios que antes ni siquiera me dirigían la palabra.

 Mensajes de texto con frases corteses, algunos incluso pidiendo reuniones privadas para colaborar. Es curioso cómo cambia la gente cuando un golpe como este demuestra que nadie está por encima de la ley. No contesté la mayoría, no porque sea grosero, sino porque sé que muchos de esos mismos que ahora me buscan para felicitarme hace una semana estaban compartiendo mesa con Noroña en algún restaurante caro de Puebla.

 Lo que más me ha sorprendido en estos días es el silencio de su partido. Nadie ha salido a defenderlo. Nadie ha exigido una investigación independiente. Nadie ha llorado su muerte en conferencia de prensa. Ese vacío dice más que cualquier comunicado. Porque cuando un político cae vinculado al crimen organizado, los que lo rodeaban tienen dos opciones.

Defenderlo y quedar manchados. o hacérselos desentendidos y rezar para que el foco no los alcance a ellos. Han elegido lo segundo y eso me da la medida exacta de cuántos sabían lo que Noroña hacía. Recuerdo una conversación que tuve hace meses con un analista de inteligencia. Me dijo, “Afuch, los políticos que se meten con el narco no son tontos.

 Son ambiciosos, eso sí, pero no tontos. Su error más común es creer que su poder político los hace invisibles. Noroña cometió ese error. Pensó que su fuero, sus contactos y su dinero lo blindaban contra cualquier operativo. El sábado demostramos que el blindaje más grueso del mundo no sirve cuando la inteligencia trabaja bien y los soldados aprietan el gatillo con precisión.

 Hay una frase que usamos en el ejército. El enemigo tiene voto y voz, pero no tiene vía libre. Noroña tenía voto en el Senado. Tenía voz en cada tribuna, pero creyó que eso le daba vía libre para mover droga y proteger asesinos. se equivocó y su error le costó la vida, pero también leó al país un juicio largo, lleno de amparos y recursos legales que probablemente habrían terminado en un acuerdo discreto.

 A veces la justicia es más rápida cuando la hace quien tiene las armas y la autoridad para usarlas. Mientras revisábamos los documentos incautados, encontramos una agenda física, de esas de piel, que los políticos de antes usaban para no dejar rastro digital. Noroña era un hombre de métodos mixtos, lo moderno y lo antiguo.

 En esa agenda había nombres y números escritos a mano. Algunos los reconocí de inmediato. Alcaldes, jueces, un par de periodistas. Otros me eran desconocidos, pero ya tenemos equipos investigando cada uno. Si trabajas en el gobierno y tu nombre apareció ahí, te sugiero que empieces a preocuparte.

 ¿Sabes qué es lo más triste de todo esto? Noroña tenía una familia, una esposa que seguramente no sabía el alcance de sus negocios, hijos que ahora tendrán que cargar con el apellido manchado. No voy a fingir que me duele porque el dolor se lo llevaron las víctimas del CJ. No, él, pero sí reconozco que cada operativo deja cicatrices invisibles en personas que no pidieron estar en medio del fuego cruzado.

 Eso también es parte de esta guerra y no hay comunicado oficial que lo maquille. Una de las cosas que más me pidió la inteligencia fue que no divulgara los nombres de los escoltas abatidos, no por proteger su identidad, sino porque algunos tenían familiares que aún trabajan en corporaciones policíacas. Si se supiera que murieron protegiendo a un narcopolítico, esos familiares podrían ser víctimas de represalias.

Así de retorcido es este mundo. Los mismos que matan por encargo también cuidan a los suyos. Y nosotros tenemos que manejar esa información con pinzas para no generar más violencia. Te voy a ser sincero. Cuando recibí el parte final del operativo y confirmé que Noroña estaba muerto, sentí algo que no había sentido en meses.

 No era alegría ni satisfacción, era alivio. El alivio de saber que por fin habíamos cortado una cabeza que llevaba años escupiendo veneno desde las instituciones. No celebramos la muerte, pero sí celebramos que un engranaje clave de la corrupción dejó de girar. En esta guerra a veces el alivio es lo más parecido a la victoria.

 Alguna vez escuché a un policía viejo decir, “Los políticos corruptos son como las cucarachas. Solo las ves cuando enciendes la luz.” Noroña vivió años en la oscuridad, moviéndose con sigilo, pagando sobornos, asistiendo a reuniones donde se repartían territorios como si fueran mercancía. El sábado encendimos la luz y la cucaracha salió corriendo.

 Pero esta vez no encontró grieta donde esconderse, encontró plomo. Déjame contarte un detalle que no está en ningún informe oficial. En la casa de seguridad, junto al dinero y las armas había una foto de Noroña con el mencho. Era una foto vieja de cuando el líder del CJ aún estaba vivo. Ambos sonreían, abrazados.

 como si fueran socios de negocios legítimos. Esa foto la tenemos ahora en el cuartel y la miro cada vez que alguien me pregunta por qué hacemos operativos tan agresivos. Ahí está la respuesta, porque estos tipos se creen dueños del país. Mientras escribo esto para ti, me entero de que la fiscalía ya abrió una carpeta de investigación contra varios funcionarios poblanos cuyos nombres aparecen en los archivos de Noroña.

 No voy a adelantar nada, pero te adelanto que en los próximos días habrá citaciones, comparecencias y quizás algunas detenciones. El efecto dominó, ya empezó. Cada papel que sacamos de esa camioneta es una ficha de dominó que empuja a la siguiente. Y cuando caigan todas, el mapa del poder en Puebla va a ser irreconocible.

Hay gente que me pregunta si no tengo miedo de las represalias. La respuesta es simple. Claro que tengo miedo. Sería un necio si dijera lo contrario, pero el miedo no me paraliza, me afina. Cada amenaza que recibo la convierto en combustible para seguir trabajando. Y créeme, después del sábado las amenazas se han multiplicado.

 Eso significa que estamos dando en el blanco. A los que les duele que Noroña haya caído son los mismos que se benefician de su caída. Y esos, amigo, son nuestros próximos objetivos. Un aspecto que casi nadie menciona es el papel de la ciudadanía en este operativo. Porque aunque no lo creas, varias de las pistas que nos llevaron hasta Noroña llegaron a través de denuncias anónimas.

 Gente común que vio algo raro, que escuchó una conversación, que notó movimientos extraños en su colonia y decidió hablar. Sin esos reportes, la inteligencia habría tardado meses más. Así que sí, esto también es un triunfo de la gente que está harta de la impunidad. Las reacciones en redes sociales no se hicieron esperar mientras unos celebraban, otros lloraban a Noroña como si fuera un mártir.

 Vi comentarios diciendo que fue una emboscada, que lo ejecutaron a sangre fría, que todo es un montaje. A esos les digo, revisen los partes oficiales, revisen los videos del enfrentamiento que ya están en poder de la fiscalía. 18 minutos de combate no son una ejecución, son una guerra. Y en la guerra a veces mueren los que empiezan a disparar.

 ¿Quieres saber qué pasó con los 9 millones de pesos que decomizamos? Parte ya está asegurada en cuentas del Banco del Bienestar, a la espera de que un juez determine su destino. Otra parte se usará para resarcir a víctimas del crimen organizado en Puebla. No voy a permitir que un solo peso de ese dinero termine en manos de otro corrupto.

 Lo digo claro. Ese dinero tiene nombre y apellido y va a devolverse a la sociedad de la manera más transparente posible. Uno de los momentos más tensos del operativo ocurrió cuando revisamos el baúl de la segunda camioneta. Adentro había cuatro maletines negros de esos que usan los abogados para llevar documentos.

 Cuando los abrimos no encontramos papeles. Encontramos 17 teléfonos satelitales nuevos todavía en sus cajas. Noroña los repartía entre sus operadores para que las comunicaciones no pudieran ser intervenidas. Ese nivel de previsión no es de un político improvisado, es de un criminal profesional. Te voy a pedir que prestes atención a lo que viene, porque la muerte de Noroña no es el final, es el principio de una depuración que va a sacudir los cimientos de varios gobiernos estatales.

Los teléfonos que incautamos contienen conversaciones con al menos tres exgobernadores, dos secretarios de seguridad estatales y un número indeterminado de empresarios que financiaban la red. Algunos de esos nombres ya están en la mira de la Fiscalía General. Solo es cuestión de tiempo.

 La madrugada del sábado, mientras los helicópteros aún sobrevolaban la zona, recibí una llamada de un alto funcionario que no voy a nombrar. Me pregunto con voz temblorosa si teníamos pruebas de que Noroña trabajaba directamente con el CJI. Le dije que sí, que teníamos más pruebas de las que jamás imaginó. Entonces me hizo una pregunta extraña, ¿y esas pruebas Harf van a salir a la luz pública? Le respondí que eso no dependía de mí, sino de la ley. Colgó sin despedirse.

 Al día siguiente supe que había pedido una licencia indefinida. El miedo a veces es más efectivo que una orden de aprensión. Para cerrar este tramo, quiero que sepas algo. No soy ningún héroe. No uso capa ni busco reconocimiento. Solo soy un servidor público que se cansó de ver cómo los delincuentes se paseaban por las calles con traje y corbata.

 Noroña era uno de esos y ahora ya no está. Si eso me convierte en villano para algunos, que así sea. Prefiero que me odien los corruptos a que me aplaudan los cobardes. Ahora sí, déjame agradecerte como mereces. Horas después del operativo, mientras el sol comenzaba a calentar el asfalto de Puebla, me quedé un momento solo en el puesto de mando.

 Apagué los radios, aparté los mapas y simplemente respiré. En esos segundos de silencio pensé en todas las familias que han perdido a alguien por culpa del CJNG. Madres que buscan a sus hijos, niños que crecen sin padres, comerciantes que pagan derecho de piso. Noroña no era solo un político corrupto, era parte de esa cadena de sufrimiento.

Y aunque su muerte no devuelve a nadie, al menos corta un eslabón. Hay una lección que aprendí en los años de operativos callejeros. La impunidad se combate con paciencia y con pruebas. Noroña confió en que sus contactos lo protegerían, en que los jueces amigos frenarían cualquier orden de aprensión, en que el fuero lo haría intocable, pero la paciencia de la inteligencia militar fue más grande que su arrogancia.

 meses de seguimiento, de esperar el momento justo, de no adelantar ni un solo movimiento, porque cuando trabajas contra alguien con poder, un error te cuesta todo. Nosotros no cometimos errores. Los que todavía dudan de la efectividad de estos operativos deberían ver las caras de los agentes del Ministerio Público cuando les entregamos las pruebas.

 No podían creer la cantidad de documentación, los detalles de las transacciones, los nombres de los intermediarios. Noroña no era un aficionado, llevaba años construyendo su red, pero nosotros también llevamos años aprendiendo a desarmar redes y créeme, cada operativo nos deja más herramientas para el siguiente. Un detalle que quiero compartir contigo.

 En uno de los teléfonos incautados había un mensaje enviado apenas 12 horas antes del operativo. Decía, “Tranquilo, aquí no pasa nada, tengo todo cubierto.” Era Noroña respondiendo a uno de sus operadores. Ese mensaje me lo sé de memoria porque resume perfectamente su error. Estaba convencido de que nadie se atrevería a tocarlo.

 Esa convicción lo mató porque cuando estás tan seguro de tu impunidad, bajas la guardia y cuando bajas la guardia llegamos nosotros. No voy a mentirte diciendo que esto fue fácil. Perdimos a dos elementos en el enfrentamiento. Hombres valientes que dieron su vida cumpliendo con su deber. Sus nombres no van a estar en los titulares, pero para mí son héroes.

Ellos hicieron posible que Noroña no escapara. Ellos aguantaron el fuego de los escoltas mientras otros buscaban cobertura. Sin ellos, este operativo habría sido un fracaso. Así que sí, celebramos el golpe, pero también lloramos a los nuestros. Mañana mismo comenzaremos el análisis de los siguientes objetivos.

 La información que extrajimos de los dispositivos de Noroña es un mapa del tesoro. Sabemos quiénes son sus socios, quiénes recibieron sus sobornos, quiénes le avisaron de operativos fallidos en el pasado. Cada uno de esos nombres está escrito en una lista. Y esa lista, amigo, no se va a quedar guardada en un cajón.

 Vamos a ir por todos ellos, uno por uno, sin prisa, pero sin pausa, porque esta guerra no termina con un muerto, termina cuando el último corrupto que protege al narco esté tras las rejas o bajo tierra. Quiero que te quedes con una idea al cerrar este video. Noroña murió en una carretera federal a las 5 de la mañana, rodeado de armas y dinero sucio.

Omar García Harfuch, Mexico's “Batman” with big political ambitions

 Murió siendo quien realmente era, no el político que fingía en las cámaras, sino el operador del CJN, que usó su puesto para enriquecerse y para permitir que la violencia siguiera creciendo. Las narcomantas que nunca colgó, los discursos que nunca dio para presumir su poder. Todo eso quedó enterrado junto con él y el mensaje para los que aún intentan ocupar su lugar es muy claro.

No importa que tan arriba estés, no importa cuántos escoltas tengas, no importa si tienes fuero o si crees que el sistema te protege. Si te dedicas a proteger al crimen organizado, te vamos a encontrar. Y cuando te encontremos, no va a haber negociación ni privilegios. Va a haber justicia, aunque duela. Gracias por llegar hasta aquí.

 Gracias por tomarte el tiempo de escuchar lo que los medios no te van a contar. Si crees que esta información es valiosa, compártela. Si quieres seguir informado, ya sabes, suscríbete, activa la campanita y no te pierdas lo que viene, porque la guerra contra el CJNG no se gana con un solo operativo, pero se gana operativo tras operativo, día tras día y con gente como tú que se niega a vivir en la ignorancia.

 La carretera Puebla, Ciudad de México, ya está abierta de nuevo. El asfalto nuevo cubrió los casquillos, el humo se disipó. Pero lo que ocurrió esa madrugada del sábado 4 de abril no se borra con pavimento fresco. Un operador político cayó y con él se llevó los secretos de una red de corrupción que por años operó impune. su amigo, es un hecho y ningún noticiero va a poder cambiarlo.

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