¿DÓNDE ESTÁ CARLOS EMILIO? Madre del joven nos relata la hostilidad del Terraza Valentino.

Mazatlán, Sinaloa — La noche del 3 de octubre, la ciudad turística bañada por el Pacífico brillaba bajo las luces de neón y el sonido de la música.

Pero entre los cócteles, las risas y la multitud en la zona Zona Dorada, un joven llamado Carlos Emilio Galván Valenzuela entró al baño del bar Terraza Valentino y nunca volvió a salir.

Desde entonces, todo lo que ocurrió dentro de ese lugar se ha convertido en un vacío rodeado de silencio, miedo y hostilidad.

La familia de Carlos Emilio había viajado desde Durango, a más de 200 kilómetros, para disfrutar de unas breves vacaciones. El padre, la hermana menor, los tíos y los primos lo acompañaban.

Aquella noche, el grupo de jóvenes decidió pasar un rato en Terraza Valentino, un bar conocido por su ambiente vibrante, su vista al mar y su clientela turística. Nadie imaginó que sería el escenario de una desaparición que hoy sacude a Sinaloa.

Según el testimonio de su madre, Brenda Valenzuela Gil, alrededor de las 2:30 de la madrugada, Carlos Emilio se levantó de la mesa y dijo con naturalidad que iría “al baño un momento”.

Sus dos primas se quedaron conversando. Pasaron diez minutos, luego quince. Preocupada, una de ellas decidió ir a buscarlo.

Pero al acercarse, un guardia de seguridad le bloqueó el paso.
—“No hay nadie ahí dentro, aléjate”, le dijo con voz seca y autoritaria.

Ella intentó explicar que buscaba a su primo, pero fue inútil. Antes de ser obligada a retirarse, alcanzó a ver unos zapatos que no eran los de Carlos Emilio. Esa fue la última pista visible antes de que la oscuridad se tragara al joven.

Las primas se dividieron: una permaneció en la mesa, la otra recorrió el bar, las terrazas, e incluso salió a la calle, pensando que quizá Carlos había ido a hacer una llamada.

Cuando quiso volver a entrar, los guardias le negaron el acceso. Argumentaron que “no podía volver a ingresar”, pese a sus súplicas. Esperó casi cuarenta minutos bajo la mirada fría del personal.

Cuando finalmente logró entrar, Carlos Emilio ya no estaba. Su bebida seguía sobre la mesa. El teléfono sonaba, pero nadie contestaba.

Desde ese momento comenzó una búsqueda desesperada. El móvil seguía timbrando, pero sin respuesta.

La familia contactó a hospitales, comisarías y negocios cercanos. Nada. Cuando regresaron al bar para pedir acceso a las cámaras de seguridad, la respuesta del encargado fue tajante:
—“Las cámaras no funcionaban esa noche.”

Brenda recuerda aquel instante con un nudo en la garganta:

“Nos trataron como si estuviéramos molestando, no como una familia buscando a su hijo. Nadie quería hablar. Se sentía el miedo… o quizás sabían algo y prefirieron callar.”

El caso de Terraza Valentino pronto se viralizó. En redes sociales, cientos de comentarios se preguntaban lo mismo:

“¿Cómo puede desaparecer alguien en un bar lleno de gente sin que nadie vea nada?”

Varios habitantes de Mazatlán afirmaron haber escuchado sobre otras desapariciones misteriosas en la zona, especialmente en locales nocturnos de lujo, pero nunca con un caso tan claro y tan inquietante.

Fuentes extraoficiales señalaron que las autoridades federales ya investigan posibles vínculos del bar con redes criminales locales, sospechosas de manipular evidencia y silenciar testigos en casos previos. Sin embargo, nadie ha sido arrestado hasta ahora.

Un oficial bajo anonimato declaró:

“Lo ocurrido dentro de Terraza Valentino no fue un accidente. Hay indicios de manipulación de video, amenazas a testigos y un intento evidente de borrar lo sucedido.”

Para Brenda Valenzuela, el silencio institucional es la tortura más cruel. Cada día sigue esperando una llamada, una pista, una verdad. Pero lo único que recibe son promesas vacías y puertas cerradas.

“No quiero compasión. Quiero la verdad. Y esa verdad está siendo escondida, en algún lugar dentro de Terraza Valentino.”

Una noche, un baño, un bar… y un joven desaparecido. La pregunta “¿Dónde está Carlos Emilio?” ya no es solo el grito de una madre, sino un símbolo del miedo, la impunidad y la oscuridad que envuelve a Mazatlán.

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