En el tablero de la política mexicana, los símbolos suelen pesar tanto como las acciones, pero los hechos recientes han generado un cortocircuito
que nadie en el Gobierno parece querer explicar con total honestidad. La caída de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG),
no solo marca un hito en la lucha contra el crimen organizado, sino que pone al descubierto una contradicción fundamental en el corazón de la administración de Claudia Sheinbaum: la brecha entre la retórica de la “continuidad” y la realidad de una estrategia que, en la práctica, ha dejado atrás los “abrazos” para retomar el uso de la fuerza del Estado.
El domingo que lo cambió todo
El pasado domingo, México fue testigo de una operación que Adela Micha ha calificado acertadamente como un “Menchazo”, comparándolo con el histórico “Culiacanazo” pero con un desenlace diametralmente opuesto. Mientras que en 2019 Andrés Manuel López Obrador ordenó la liberación de Ovidio Guzmán para evitar un baño de sangre, claudicando ante la presión del Cártel de Sinaloa, la presidenta Sheinbaum decidió no doblar las manos. Cuando los criminales apostaron por el caos, incendiando vehículos y bloqueando más de 250 puntos en el país, la respuesta fue la movilización total de la Guardia Nacional y el Ejército.
El costo fue humano y doloroso: 25 elementos de la Guardia Nacional perdieron la vida en cumplimiento de su deber. Sin embargo, el mensaje enviado al crimen organizado fue de una firmeza que no se veía en años. No hubo negociaciones ni retrocesos. Fue una exhibición de mando que unió, por un momento, a gobernadores de oposición, empresarios e incluso al expresidente Felipe Calderón en un cierre de filas inédito alrededor de la figura presidencial.
La sombra de Palenque y la negación oficial
Lo desconcertante ocurrió después. Al día siguiente, en la tradicional conferencia mañanera, la presidenta Sheinbaum regresó al guion de la Cuarta Transformación, asegurando que “la estrategia de seguridad no ha cambiado”. Para muchos analistas, esta declaración no es más que un tributo a la sombra que aún se proyecta desde Palenque. Resulta difícil creer que fueron los “abrazos” los que neutralizaron al narcotraficante más poderoso del mundo o los que respondieron a los ataques terroristas del fin de semana.
La presidenta parece luchar contra sus propios éxitos. Al negarse a reconocer que su administración ha implementado una táctica más asertiva y letal contra los generadores de violencia, Sheinbaum prioriza la lealtad política sobre la claridad gubernamental. Es una paradoja: la presidenta que tuvo el valor de enfrentar al CJNG en el campo de batalla parece no tener la libertad de admitirlo frente al micrófono, por temor a contradecir el legado de su antecesor.
El General Secretario: La voz de la realidad
Quien no tuvo reparos en decir la verdad fue el General Secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo. Con una mezcla de orgullo y sobriedad, el mando militar confirmó lo que es evidente para cualquier observador: la estrategia de seguridad cambió a partir del 1 de octubre. Los números lo respaldan: más de 43,000 detenidos, 23,000 armas incautadas y toneladas de droga aseguradas en apenas unos meses.
Estas cifras no son el resultado de “atender las causas” a largo plazo, sino de combatir las consecuencias de manera frontal en el presente. El General Trevilla habló de honor y resultados, marcando una distancia clara con la pasividad de la administración anterior. Su testimonio deja en evidencia que, dentro del gabinete de seguridad, existe la conciencia de que la paz solo se recuperará si el Estado retoma el control territorial que había cedido.
Un México unido en la incertidumbre
Lo ocurrido el domingo demostró que, ante una amenaza común, los mexicanos pueden dejar de lado la polarización. Medios de comunicación, opositores y ciudadanos se mantuvieron informados y apoyaron las acciones del Estado, reconociendo que cuando las cosas se hacen bien, es necesario aplaudirlas. El miedo, sin embargo, persiste. La caída de una figura como “El Mencho” suele desatar guerras de sucesión internas y ataques de represalia que podrían ensangrentar diversas regiones del país, emulando o superando la crisis de violencia que vive actualmente Sinaloa.
La pregunta que queda en el aire es: ¿Qué versión de la presidenta prevalecerá? ¿La jefa de Estado firme y decidida que vimos el domingo, capaz de unir a la nación en las horas más oscuras? ¿O la figura política de la mañanera que insiste en descalificar a la prensa y a la oposición mientras repite una retórica que los hechos ya han superado?
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México necesita a la Claudia Sheinbaum del domingo. Una líder que reconozca que el enemigo es el crimen organizado y no quienes cuestionan su gestión. El país está listo para entrarle a la batalla por la seguridad de la mano de su presidenta, pero para ello es necesario que la verdad deje de ser una víctima de la política. El “Menchazo” fue un triunfo del Estado; es hora de que la presidenta lo acepte, lo asuma y deje de pedir permiso al pasado para gobernar el presente.