En un episodio que ya está dando de qué hablar en todos los círculos políticos del país, Alejandro “Alito” Moreno, presidente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), protagonizó un tenso enfrentamiento durante una entrevista en vivo.
Lo que comenzó con una actitud de absoluta confianza y el reto de “pregúntame lo que sea, compadre”, terminó en un despliegue de incomodidad, gestos de furia y una defensa desesperada ante datos que parecen sentenciar su futuro político y el de su partido.
La entrevista se tornó gris para el dirigente priista cuando la realidad de las encuestas golpeó la mesa. Moreno, quien recientemente presentó la estrategia “Defensores por México
” con miras a las elecciones de 2027, se vio atrapado en su propia invitación a la transparencia. El momento cumbre de la tensión llegó cuando se le cuestionó sobre la legitimidad de su convocatoria ciudadana: “¿Por qué la ciudadanía debería confiar en un PRI que tiene un 80% de rechazo, y en ti, que apenas tienes un 10% de aprobación?”.

La caída de la máscara: Del “sin resentimientos” a la confrontación
Al inicio de la charla, Moreno se mostró jovial, utilizando frases como “no hard feelings” (sin resentimientos) para asegurar que estaba abierto a cualquier cuestionamiento. Sin embargo, esa fachada de político imperturbable se desmoronó rápidamente. Al ser confrontado con datos de inteligencia artificial y bases de datos periodísticas que sitúan su rechazo en un histórico 90%, Alito optó por la vieja táctica de descalificar al mensajero.
“Esa es la maquinaria del gobierno”, replicó visiblemente molesto, intentando invalidar los números presentados en pantalla. El dirigente acusó que dichas encuestas son alimentadas con “mentiras e información falsa”, pero su lenguaje corporal —rostro tenso, mirada desafiante y ademanes bruscos— contaba una historia muy distinta a la de sus palabras. Para intentar contrarrestar el golpe, Moreno sacó su propia gráfica, basada en conversaciones de redes sociales, asegurando que su percepción es positiva y que la mejor encuesta es “el saludo de la gente en la calle”.
Incongruencias y el fantasma de la “migajería”
El interrogatorio no dio tregua. Se le recordó a Moreno sus propias palabras de años anteriores, cuando criticó duramente a Morena por actos anticipados de campaña con las llamadas “corcholatas”, tildándolos de ilegales. Al presentar ahora a sus propios “Defensores de México” con mucha antelación a los comicios, la pregunta sobre la incongruencia fue inevitable. Alito, en un ejercicio de gimnasia mental, argumentó que lo suyo es una “defensa territorial” amparada por los estatutos y no una violación a la ley electoral.
But quizás el golpe más bajo para el orgullo del dirigente fue cuando se analizó su desesperada búsqueda de alianzas. Tras ser rechazado públicamente por Movimiento Ciudadano y con un PAN que parece tomar distancia, Moreno ha llegado al extremo de invitar incluso a aliados históricos de la Cuarta Transformación, como el PT y el Partido Verde. Ante esto, el entrevistador fue letal: “¿No estás poniendo al PRI en una posición de migajero?”.
La respuesta de Alito fue una huida hacia el pasado. En lugar de abordar su situación actual, recurrió a la nostalgia del “viejo PRI”, mencionando la creación de instituciones de salud, carreteras y la electrificación del país. “Nosotros construimos este país”, afirmó, en un intento por recuperar una autoridad moral que las urnas y las encuestas parecen haberle retirado.
¿Rumbo al 2030 o al olvido político?
A pesar de los números rojos y el evidente aislamiento político, Alejandro Moreno no parece dispuesto a retirarse. Durante la entrevista, confirmó sus ambiciones de aparecer en la boleta presidencial para el año 2030. Aseguró que “jamás lo van a doblar” y que su historial de victorias en elecciones pasadas —diputaciones, senadurías y la gubernatura de Campeche— es garantía de éxito, ignorando que el panorama político de México ha cambiado drásticamente.
El cierre de la entrevista fue un reflejo del inicio, pero con un sabor amargo. Aunque intentó despedirse manteniendo el tono de “pregúntame lo que quieras”, la sensación en el set era de una derrota mediática. El video del encuentro se ha vuelto viral no por las propuestas del PRI, sino por la reacción visceral de un líder que se siente acorralado por la opinión pública y por datos que, por más que intente negar, reflejan un divorcio profundo con la ciudadanía.
Este enfrentamiento deja una pregunta en el aire para el electorado: ¿Es la resistencia de Alito Moreno una muestra de fuerza o el último suspiro de una estructura política que se niega a aceptar su irrelevancia actual? Por ahora, lo único claro es que al “gallito” del PRI le dolió que le dijeran la verdad de frente.