La muerte del cantante Jason Jiménez debió ser un momento de silencio colectivo y respeto
Sin embargo, mientras el país apenas comenzaba a asimilar la magnitud del desastre aéreo, otra tormenta estalló con fuerza en el corazón mismo de los grandes medios de comunicación.
Titulares sensacionalistas, hipótesis sin respaldo oficial y enfoques considerados inhumanos encendieron la indignación pública y empujaron a juristas y líderes políticos a intervenir.
La tragedia dejó de ser solo un accidente para convertirse en un juicio social contra la forma de hacer periodismo.

La tarde del 10 de enero de 2026, la aeronave liviana con matrícula N325FA despegó desde Paipa, en el departamento de Boyacá, con destino a Medellín.
A bordo viajaban Jason Jiménez, el piloto Hernando Torres y cuatro miembros de su equipo de trabajo, Juan Manuel Rodríguez, Óscar Marín, Jefferson Osorio y Wisem Mora.
El grupo se dirigía a Marinilla, Antioquia, donde el artista tenía programada una presentación. Minutos después del despegue, entre tres y cinco según confirmaron las autoridades, el avión se precipitó a tierra entre Paipa y Duitama y se incendió por completo. No hubo sobrevivientes.
La Aeronáutica Civil de Colombia, Aerocivil, confirmó que la aeronave logró elevarse y permanecer en el aire antes del impacto.
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Desde el primer comunicado oficial, la entidad subrayó que aún no existían conclusiones definitivas sobre las causas del accidente.
La investigación, precisaron, se desarrolla siguiendo cuatro líneas fundamentales: el estado técnico y el mantenimiento del avión, los aspectos operativos como peso y balance, el factor humano relacionado con el piloto y el análisis de registros, videos y demás evidencias disponibles.
Pese a esta cautela institucional, algunos de los medios más influyentes del país optaron por avanzar con narrativas que pronto serían cuestionadas.
El diario El Tiempo quedó en el centro de las críticas tras publicar un artículo que destacaba el patrimonio económico que habría dejado Jason Jiménez.
Para muchos lectores, ese enfoque resultó ofensivo en un momento en que la familia y los seguidores del cantante aún estaban sumidos en el duelo.

En redes sociales, miles de comentarios denunciaron una lógica amarillista que prioriza clics y reacciones por encima de la sensibilidad humana y la ética profesional.
La controversia se intensificó cuando Noticias Caracol difundió la hipótesis de que el avión no habría logrado despegar correctamente y se habría salido de la pista.
Esa versión, rápidamente replicada, chocó frontalmente con la información confirmada por Aerocivil. La confusión generada alimentó rumores, especulaciones y desconfianza, agravando el dolor colectivo y poniendo en entredicho la credibilidad de la prensa tradicional.
Fue en ese contexto cuando el abogado Miguel Ángel del Río decidió alzar la voz. Visiblemente indignado, cuestionó la ligereza con la que se estaban difundiendo versiones no confirmadas y exigió a Noticias Caracol mayor rigor y seriedad.
Su llamado a frenar la desinformación resonó con fuerza en la opinión pública. Para muchos ciudadanos, sus palabras no solo defendían la verdad factual, sino también la dignidad de las víctimas y el derecho de la sociedad a una información responsable.

La reacción trascendió el ámbito mediático. Desde el gobierno nacional, el presidente Gustavo Petro expresó sus condolencias y destacó a Jason Jiménez como un joven talento que inspiró a miles con su música y su historia de superación.
El ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, y la senadora Clara López se sumaron a los mensajes de pesar, resaltando el impacto social del artista más allá de los escenarios.
En Marinilla, el alcalde Julio Cerna fue quien tuvo la dolorosa tarea de comunicar la noticia al público que ya aguardaba el concierto, una escena que quedó grabada en la memoria colectiva por su carga emocional.
Mientras las autoridades buscaban mantener la sobriedad institucional, el malestar ciudadano crecía. Muchos seguidores del cantante denunciaron que ciertos medios habían cruzado una línea peligrosa, invadiendo la intimidad de la familia y trivializando la tragedia.

La pregunta comenzó a repetirse con insistencia, si el periodismo estaba cumpliendo su función de informar o si había caído en la tentación de explotar el dolor ajeno como espectáculo.
En medio de esta polémica, resurgió un mensaje que Jason Jiménez había compartido tiempo atrás en redes sociales.
En él recordaba que todo en la vida es pasajero y que el ser humano debe vivir con humildad, consciente de que lo que Dios da también puede quitar.
Esa reflexión, difundida masivamente tras su muerte, adquirió un significado especial. Para muchos, se convirtió en una advertencia silenciosa dirigida también a quienes construyen relatos públicos, recordándoles que la verdad y la humanidad no son negociables.

La tragedia aérea que acabó con la vida de Jason Jiménez cerró abruptamente una carrera artística prometedora, pero abrió un debate profundo sobre el estado del periodismo en Colombia.
La reacción del abogado Del Río, el respaldo de la ciudadanía y el contraste con la prudencia de las autoridades evidencian una fractura creciente entre los medios tradicionales y la confianza pública.
En momentos de dolor extremo, la forma de informar no es un detalle menor. Es, quizás, la prueba más clara de si una sociedad es capaz de respetar la verdad y la dignidad incluso cuando la tragedia llama a su puerta.