De madrugada, en El Durazno, un pequeño poblado del estado de Durango, la calma habitual se rompió de forma abrupta.
El estruendo de los helicópteros rasgó el silencio, potentes reflectores barrieron las calles de terracería y unidades armadas tomaron posiciones estratégicas.
Los habitantes despertaron entre el miedo y la confusión, conscientes de que su comunidad había quedado en el centro de un operativo de seguridad poco común por su magnitud y despliegue.
De acuerdo con fuentes de seguridad, se trató de una operación de gran escala que combinó fuerzas aéreas y terrestres, coordinada por la Marina de México.

Los helicópteros Black Hawk jugaron un papel clave en labores de vigilancia y en el despliegue de elementos especiales en puntos considerados críticos. Todos los accesos a El Durazno fueron cerrados, una señal clara de que el objetivo no era un delincuente menor.
El blanco principal era Aureliano Guzmán Loera, conocido como El Guano, hermano de Joaquín El Chapo Guzmán.
En los últimos años, El Guano se ha consolidado como una figura de peso en el llamado Triángulo Dorado, la región montañosa que conecta a Sinaloa, Durango y Chihuahua, históricamente vinculada al cultivo de amapola y a la producción de drogas sintéticas.
Bajo su mando, el grupo Gente del Guano construyó una estructura de control territorial sólida, especialmente en Badiraguato y Tamazula.
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El expediente criminal de El Guano es extenso. Además de la producción y tráfico de drogas a gran escala, se le atribuyen secuestros, extorsiones y asesinatos utilizados para imponer autoridad y conservar rutas estratégicas.
En medio de la fragmentación interna del cártel de Sinaloa, su organización se ha visto envuelta en enfrentamientos sangrientos contra la facción conocida como La Mayiza, el Cártel Jalisco Nueva Generación y otros grupos armados, lo que ha convertido al Triángulo Dorado en un foco permanente de violencia.
Tras conocerse el operativo en El Durazno, la tensión se trasladó rápidamente a las calles. Se reportaron vehículos incendiados, disparos en zonas cercanas y ataques contra comercios y viviendas.
Para analistas de seguridad, estas acciones reflejan el patrón habitual de reacción de los grupos criminales cuando su líder se siente amenazado, buscando generar caos y presionar a las autoridades para frenar el avance.

El mayor punto de controversia gira en torno al resultado real del operativo. En redes sociales y en círculos del crimen organizado comenzaron a circular versiones que aseguraban la captura de El Guano y su traslado a una instalación federal, evocando rumores similares surgidos en 2021.
Sin embargo, hasta ahora no existe confirmación oficial por parte del gobierno federal ni de la Marina. Este silencio ha alimentado las dudas sobre si se trata de una detención aún no anunciada o de una maniobra destinada a debilitar su estructura operativa.
Especialistas coinciden en que, más allá de la captura o no de un solo individuo, el operativo en Durango tiene un significado más amplio.
La red de Gente del Guano funciona como un pulpo con múltiples tentáculos que se extienden por la geografía agreste del Triángulo Dorado. Cuando uno de esos tentáculos es atacado, el resto del cuerpo reacciona con violencia para asegurar su supervivencia.

En un contexto en el que México enfrenta crecientes desafíos frente al crimen organizado, lo ocurrido en El Durazno representa una prueba clave para el Estado.
La interrogante no se limita a saber si El Guano fue detenido, sino a determinar si las autoridades serán capaces de sostener la presión el tiempo suficiente para debilitar una estructura criminal arraigada durante décadas en la vida económica y social de la región.
Mientras tanto, el eco de las hélices de los Black Hawk sigue resonando en la memoria de los habitantes de este poblado duranguense.