La historia de la noche del 5 de octubre en Terraza Valentino ha encendido un intenso debate en Mazatlán,
después de que nuevas imágenes de cámaras de seguridad revelaran que Carlos Emilio Valenzuela Galván no salió solo del establecimiento, sino acompañado por dos hombres cuya identidad sigue siendo un misterio.
Los videos, borrosos pero reveladores, han desatado preguntas que inquietan a toda la comunidad: ¿fue un encuentro casual o el comienzo de un episodio de coerción que terminó en desaparición? ¿Y por qué el trayecto posterior lo llevó a una de las zonas más sensibles de la ciudad?
La información presentada por el vicefiscal regional de la zona sur de Sinaloa, Isaac Aguayo Roacho, indica que el equipo investigador revisó minuciosamente cada fotograma captado por las cámaras dentro y fuera de Terraza Valentino.

A pesar de las limitaciones de calidad de imagen, las autoridades lograron reconstruir con precisión el movimiento de Carlos Emilio esa noche.
Según el análisis, entró al baño durante unos minutos y, al salir, se unió a dos hombres. Aunque no hay evidencia que confirme que fue obligado, la coincidencia temporal y la presencia de estos sujetos los coloca en el centro de la indagatoria.
Las cámaras externas muestran a los tres caminando hacia una camioneta estacionada frente al bar.
Ninguno parece nervioso ni actuando bajo presión, un detalle que obliga a los investigadores a considerar todos los escenarios: podría haber sido una salida voluntaria o, por el contrario, una situación en la que el joven no pudo o no quiso resistirse.
El vehículo se alejó del lugar con dirección a Lomas de Mazatlán, zona que posteriormente fue intervenida por operativos y cateos en búsqueda de indicios.

Fuentes cercanas al caso señalan que los agentes han logrado identificar parcialmente el modelo de la camioneta y han cruzado datos de videovigilancia, geolocalización y testimonios para acotar la búsqueda.
Sin embargo, la baja resolución de los videos impide reconocer claramente los rostros de los dos hombres, lo que convierte esta verificación en uno de los puntos más críticos de la investigación.
Mientras tanto, la familia de Carlos Emilio vive días de angustia incesante. Han solicitado apoyo a la ciudadanía y recalcan que el joven no tenía conflictos, deudas ni antecedentes que lo vincularan con grupos delictivos. La desaparición abrupta, sin rastro alguno, refuerza su convicción de que él no se fue por voluntad propia.
La Fiscalía estatal, por su parte, confirma que mantiene abiertas múltiples líneas de investigación. Equipos especializados continúan analizando cámaras urbanas, registros telefónicos y otras fuentes de video en zonas cercanas.

Además, se ejecutan diligencias en distintos puntos de Mazatlán para rastrear cada metro del trayecto que recorrió el vehículo esa noche.
Un dato relevante que no ha pasado desapercibido es que Terraza Valentino pertenece a Ricardo “Pity” Velarde, exsecretario de Economía de Sinaloa, quien renunció a su cargo para colaborar plenamente con las autoridades.
Este gesto, inusual en la política local, ha generado opiniones divididas: algunos lo interpretan como un acto de transparencia, mientras otros creen que su involucramiento vuelve el caso aún más delicado.
La desaparición de Carlos Emilio no solo preocupa a su familia, sino que también reaviva temores sobre la seguridad en las zonas de ocio de Mazatlán.

Surgen preguntas que siguen sin respuesta: ¿quiénes son los hombres que lo acompañaron? ¿Por qué subieron juntos a la camioneta? ¿Qué buscaban en Lomas de Mazatlán? ¿Y qué ocurrió fuera del alcance de las cámaras?
A pesar de los esfuerzos, el caso continúa envuelto en incertidumbre. Pero es precisamente esa incertidumbre la que ha impulsado a las autoridades de Sinaloa a redoblar su trabajo para esclarecer la verdad.
La ciudadanía espera que pronto se revelen las piezas faltantes de este rompecabezas, poniendo fin a la angustia de una familia y arrojando luz sobre una desaparición que ha sacudido tanto a Durango como a Mazatlán.