La noticia de la muerte de Eduardo Manzano desató una ola de debate y desconcierto en todo México. Un artista legendario,
un símbolo del humor y un rostro que acompañó a generaciones enteras desapareció de manera tan repentina que dejó más preguntas que respuestas.
Los detalles revelados por la familia aclararon algunos puntos, pero también abrieron nuevas dudas sobre las últimas horas del actor.
¿Cómo pudo alguien sin enfermedades crónicas fallecer por un paro respiratorio inesperado. ¿Hubo señales previas que no se hicieron públicas.

Y la interrogante que más divide opiniones: ¿dónde reposarán finalmente los restos de una figura considerada patrimonio emocional de la televisión mexicana.
Eduardo Manzano, conocido afectuosamente como “Polivoz”, falleció a los 87 años a las 11 con 45 de la noche del 4 de diciembre en un hospital de Ciudad de México.
La noticia fue confirmada por su hijo, Lalo Manzano, a la mañana siguiente, generando conmoción en la comunidad artística.
Durante décadas, fue un rostro imprescindible en la televisión mexicana, protagonista de proyectos emblemáticos y pilar indiscutible del humor televisivo.
Según el testimonio de Lalo, la causa del fallecimiento fue un paro respiratorio. Lo que sorprendió al público es que Manzano no padecía enfermedades crónicas.

En sus últimos años había mantenido una salud estable, salvo una hospitalización en 2021 por una infección en las vías biliares, de la cual se recuperó por completo.
Esta partida súbita llevó a muchos admiradores a preguntarse si su estado había empeorado en silencio o si existieron complicaciones que la familia prefirió no divulgar.
El funeral se realizó el 5 de diciembre en Ciudad de México, en medio de un ambiente solemne y cargado de emoción.
Compañeros actores, guionistas y rostros históricos del humor acudieron para despedir a quien consideraban un maestro y un referente.

Jorge Ortiz de Pinedo, uno de sus colegas más cercanos, llegó visiblemente afectado. Recordó los años de colaboración en producciones emblemáticas y lo describió como “un pilar insustituible de la comedia mexicana”.
El recuerdo de su participación en Una familia de 10 fue motivo de numerosas anécdotas y lágrimas contenidas.
La familia de Manzano, aunque profundamente dolida, mantuvo una actitud serena. Lalo expresó que “el escenario de la vida de mi padre se ha cerrado”, pero afirmó que su legado permanece en cada sonrisa que él despertó.
También aseguró que la familia se mantiene unida y enfocada en cumplir las últimas voluntades del comediante.

Uno de los temas que más curiosidad generó entre el público fue el destino de sus restos. La familia confirmó que el cuerpo de Eduardo Manzano sería cremado y que sus cenizas serían colocadas junto a las de sus padres, tal como él había solicitado en vida.
Su deseo, sencillo pero lleno de significado, habla de su conexión profunda con sus raíces y de su visión espiritual de la vida y la muerte.
Sin embargo, esta decisión abrió otro debate: muchos fanáticos esperaban un homenaje público que les permitiera despedirse de él por última vez.
En una entrevista años atrás, cuando le preguntaron cómo quería ser recordado, Manzano respondió que deseaba ser visto como “un instrumento de Dios para llevar alegría a las personas”.

Esta declaración, ahora convertida en legado, refleja con precisión el espíritu que guió su carrera artística: sanar, unir y transformar a través de la risa.
Lalo Manzano también expresó su intención de organizar un homenaje especial para preservar la memoria de su padre.
Considera que la historia de la televisión mexicana necesita un espacio digno para reconocer la influencia decisiva de un hombre que revolucionó la comedia y marcó a generaciones enteras.
La muerte de Eduardo Manzano no solo cierra el capítulo vital de un artista excepcional, sino que también abre un debate sobre su impacto en la cultura popular.

¿Habrá alguien capaz de continuar la tradición humorística que él perfeccionó. ¿Los proyectos en los que participó seguirán vivos como tributo, o se desvanecerán lentamente con el paso del tiempo.
México despide hoy a una leyenda. Su risa se ha apagado, pero el eco de su talento continúa resonando en la memoria colectiva.
Y entre preguntas, discusiones y homenajes, queda una certeza: Eduardo Manzano vivió una vida plena, y su legado perdurará más allá del tiempo.