En cuanto la última grabación de Jeshua Cisneros Lechuga fue difundida por N+, la opinión pública del Estado de México quedó atrapada en una ola de polémica.
Un joven de 18 años, sano, caminando con normalidad, se despide de un amigo y, minutos después, desaparece por completo en un barrio que conoce desde pequeño.
Lo que más indignación provoca es que el momento clave ocurre exactamente en el punto donde la cámara está cubierta
por las ramas de un árbol. Esos pocos segundos opacos han bastado para convertir el caso en un enigma sin respuestas.

Jeshua, nacido el 27 de diciembre de 2006, es un joven de complexión delgada, 1.72 metros de estatura y cerca de 60 kilos.
La noche del 13 de noviembre salió de la casa de un amigo en Hacienda de la Floresta a las 10:44 de la noche.
Videos obtenidos por vecinos y comercios muestran que caminaba tranquilo, sin señales de angustia ni de ser seguido.
A las 11:15, una cámara en la plaza San Marcos captó su paso por la banqueta, dirigiéndose hacia un estacionamiento donde la iluminación comienza a disminuir.
Las imágenes posteriores del C4 presentan el último registro: Jeshua cruzando una avenida prácticamente a oscuras. Da unos pasos fuera del alcance de la cámara y, desde ese instante, nadie vuelve a verlo.
Su padre, Luis Cisneros, relató con dolor que revisaron todo el material disponible, pero el punto crucial del recorrido quedó completamente bloqueado por el follaje.

Lo llamó “el momento más injusto”, pues un enfoque más claro podría haber cambiado el rumbo de la investigación.
Tras confirmar la desaparición, la Fiscalía Edomex emitió la ficha oficial de búsqueda. El documento detalla la ropa que llevaba Jeshua al salir: una sudadera verde con franjas blancas de tela tipo jerga, pantalón caqui holgado y tenis negros.
También incluye sus señas particulares: perforaciones en ambas cejas, otra en la nariz del lado derecho y una más en el labio del lado izquierdo.
La familia difundió esta información en redes sociales y creó una página de Facebook para coordinar a voluntarios y mantener activa la búsqueda.
A pesar de los días transcurridos, la comunidad sigue cuestionando la seguridad de las zonas poco iluminadas de Jardines de la Hacienda.

Los habitantes señalan que las cámaras urbanas suelen estar cubiertas, mal colocadas o directamente fuera de servicio, dificultando el esclarecimiento de desapariciones o agresiones.
El caso ha reavivado la controversia sobre los vacíos en la vigilancia pública y sobre cómo un tramo ciego puede permitir que un joven desaparezca en cuestión de segundos.
La familia de Jeshua revisó más de una decena de grabaciones, contactó a cada comercio y prácticamente tocó todas las puertas que pudieran tener cámaras en varias cuadras a la redonda.
Sin embargo, ninguna registró el instante decisivo. Algunos vecinos aseguran no haber escuchado gritos ni señales de alarma aquella noche, lo que intensifica el misterio.

En redes circulan múltiples teorías: desde un posible secuestro planificado hasta la hipótesis de que fue obligado a subir a un vehículo fuera de cámara.
Mientras las autoridades continúan investigando, la familia se aferra a la esperanza. Confían en que la difusión del recorrido final de Jeshua motive a algún testigo a hablar o a alguien que lo haya visto sin saber la magnitud del caso.
Hasta hoy, la desaparición de Jeshua Cisneros Lechuga no solo representa un drama personal, sino que expone la creciente sensación de vulnerabilidad en la región.
Una cámara obstruida, una calle sin luz, un joven que se esfuma en segundos. Y todas esas preguntas dolorosas siguen suspendidas en el ambiente inquieto de Cuautitlán Izcalli, esperando una respuesta que todavía no llega.