Esto se sabe de “El Gufy” Presunto líder criminal que mandó a matar al abogado David Cohen

La tarde del 13 de octubre, los rayos del sol se filtraban sobre el barrio Doctores —el corazón judicial de Ciudad de México— cuando una ráfaga de disparos rompió la rutina.

Frente a las puertas del Tribunal de Justicia, donde la ley debería ser sagrada, un hombre cayó al suelo. Era David Cohen, de 45 años, uno de los abogados más reconocidos del país.

En cuestión de segundos, una vida se apagó y el sistema judicial quedó envuelto en un silencio incómodo. La pregunta que desde entonces resuena es una sola: ¿quién ordenó matarlo y por qué?

David Cohen no era un desconocido. Había representado a Billy Álvarez, expresidente de la cooperativa Cruz Azul, y a varias figuras del espectáculo, entre ellas Anahí y Sebastián Ruly.

Su reputación era la de un abogado brillante, tenaz, y sobre todo, incómodo para quienes intentaban manipular la justicia.

En un medio donde la prudencia suele ser un escudo, Cohen eligió la franqueza, y quizá fue esa valentía la que finalmente lo puso en la mira.

Testigos afirman que el ataque ocurrió justo después de que Cohen saliera del edificio de la Fiscalía capitalina.

Acompañado por dos escoltas, se dirigía hacia su vehículo cuando un joven armado se le acercó y le disparó a quemarropa.

Todo ocurrió en cuestión de segundos. Un agente de la Policía de Investigación (PDI) que se encontraba en la zona reaccionó y logró herir al agresor en un brazo antes de detenerlo. El atacante fue identificado como Héctor N, de apenas 18 años.

Durante el interrogatorio, Héctor confesó que no conocía a la víctima. Dijo que solo había aceptado un “encargo” de un hombre apodado “El Gufy”, quien le ofreció 30 mil pesos por “hacer un trabajo sencillo”.

Según su declaración, “El Gufy” le mostró una fotografía de Cohen, le proporcionó el arma y le indicó la ruta de escape. El joven aseguró que no sabía quién era el abogado ni por qué debía atacarlo.

Días después, la policía capturó a un segundo sospechoso: Donovan N, de 20 años, vecino también del barrio Doctores. Se le acusa de haber vigilado los movimientos del abogado días antes del atentado.

Ambos coincidieron en señalar a la misma persona como autor intelectual: “El Gufy”, identificado extraoficialmente como Eric N, un hombre con antecedentes en actividades delictivas menores y contactos con bandas dedicadas al cobro violento de deudas y desalojos en el centro de la capital.

Fuentes de la investigación aseguran que “El Gufy” fue amigo de la infancia de Héctor, con quien estudió en la secundaria.

Con el paso de los años, Eric N se involucró en pequeños grupos delictivos y, según reportes de inteligencia, actuaba como intermediario en ataques por encargo. La hipótesis principal apunta a que Cohen habría intervenido en un caso que afectó intereses económicos de estas redes.

Sin embargo, el motivo exacto sigue siendo un enigma. ¿Fue una venganza personal? ¿Un mensaje dirigido a otros abogados? ¿O simplemente un “trabajo contratado” dentro de un esquema criminal más amplio? La Fiscalía de Ciudad de México (FGJCDMX) mantiene abiertas varias líneas de investigación mientras “El Gufy” permanece prófugo.

De acuerdo con el periodista Carlos Jiménez, Donovan N habría trabajado ocasionalmente con abogados en los alrededores del tribunal, lo que le permitió obtener información precisa sobre los movimientos de Cohen. Este detalle refuerza la teoría de que el ataque fue planeado con precisión quirúrgica, no un acto impulsivo.

El asesinato del abogado provocó una ola de indignación en la comunidad jurídica. Colegas y jueces exigieron garantías de seguridad, denunciando que el crimen simboliza el deterioro del Estado de derecho.

“Si un abogado puede ser atacado frente al tribunal, nadie está a salvo”, declaró un colega durante la ceremonia en honor a Cohen.

En los últimos años, México ha visto un incremento preocupante de ataques contra periodistas, defensores de derechos humanos y profesionales del derecho.

La violencia parece haberse infiltrado en los espacios donde la justicia debería prevalecer. El caso de David Cohen no es solo la historia de una víctima más: es el reflejo de un sistema donde la ley y la impunidad conviven peligrosamente.

Mientras las autoridades siguen el rastro de “El Gufy”, su nombre se ha convertido en sinónimo de miedo y silencio. Cada nueva pista lleva a un callejón más oscuro, y cada testimonio revela hasta qué punto las sombras pueden infiltrarse en el corazón de la justicia.

En una ciudad donde la ley parece tambalearse, la figura de David Cohen se levanta como un recordatorio trágico: en México, incluso los guardianes de la verdad pueden caer.

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